miércoles, 17 de abril de 2013

EL SIGNIFICADO DE LA MUERTE DEL CAUDILLO. CHÁVEZ: UNA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA


La diferencia más visible que puede señalarse entre Hugo Chávez y su admirado Simón Bolívar es esta: que Chávez no tuvo que hacer la guerra para triunfar.
Eso es también lo que diferencia a Chávez de Fidel Castro y del Che Guevara: detrás de esas leyendas hay una historia de guerras y de sangre, y Chávez pudo por suerte asumir el desafío de emprender la transformación de la sociedad, como lo reclamaban hasta los poderosos de todo el continente, recurriendo sólo a los instrumentos de la democracia.
Su única derrota, la del golpe militar que intentó en 1992 contra Carlos Andrés Pérez, se convirtió al final en otra victoria, porque lo salvó de haber llegado al poder, en su impaciencia, por la vía traumática de una ruptura violenta de la institucionalidad. Cuánto no habrá agradecido después que su acceso al poder no hubiera estado manchado por la violencia, sino que hubiera tenido la legitimidad de una elección indiscutible. Aunque sus compañeros habían logrado su objetivo en las provincias, cuando vio que no había podido tomarse el poder central, él mismo dio la orden a todos sus amigos de rendir las armas y les dijo que asumiría toda la responsabilidad del levantamiento.
Fue entonces cuando dejó flotando sobre la sociedad ese “por ahora”, que parecía una confesión de derrota, pero que pronto se convirtió en una promesa. El pueblo venezolano lo eligió una y otra vez, para desesperación de sus opositores, que nunca entendieron que la única manera de enfrentarse a un líder histórico de la importancia de Hugo Chávez, pasaba por hacer un reconocimiento a la verdad y a la justicia de su causa.
Un país riquísimo, cuya riqueza principal pertenece al Estado, es decir, a la comunidad, había visto con asombro cómo unas élites petroleras arrogantes e insensibles se paseaban por el mundo como jeques saudíes mientras el pueblo venezolano se hundía en la pobreza y en el desamparo. Nadie puede negar que esas élites fueron las que educaron al país en la lógica precaria de los subsidios y las que nunca hicieron esfuerzos serios por “sembrar el petróleo”, por convertir la riqueza petrolera en una economía diversa que estimulara el trabajo social y la iniciativa de la comunidad. Después le reclamarían a Chávez no haber hecho plenamente en diez años esa siembra y esa diversificación que ellos no intentaron en 50.
Durante décadas y décadas la pobreza creció en Venezuela, y a diferencia de Bogotá o de Buenos Aires, donde es posible mantener la dilatada pobreza oculta a los ojos de los visitantes, Caracas vio surgir en sus cerros las barriadas de los desposeídos, las rancherías que contrastaban con la innegable opulencia petrolera.
Ya en 1989, la pobreza de las muchedumbres se había convertido en desesperación y Chávez cosechó lo que los poderes venezolanos habían sembrado: la indignación del pueblo, la inconformidad, el ahogado espíritu de rebelión al que él le supo dar finalmente su lenguaje y su rumbo.
Ahora se quejan de la supuesta falta de modales de este líder seductor e impulsivo, un hombre de origen humilde que no simulaba aristocracia, que decía lo que sentía como le gusta al pueblo que se diga: con un lenguaje llano y directo, desafiante y a veces peligrosamente sincero. Yo dudo que haya habido en Latinoamérica un político más surgido de la entraña del pueblo, más parecido a las hondas sabidurías, las malicias, las travesuras y las valentías del alma popular.
Una de las muchas cosas que demostró es que se podía hablar de los grandes asuntos de la economía y de la política en un lenguaje sencillo. Se ha vuelto costumbre entre nosotros que los jóvenes egresados de Harvard y de Oxford que manejan los asuntos públicos utilicen para hablar de economía una jerga de iniciados que hace sentir a todos los demás incapaces de acceder a los arcanos de esa ciencia imposible. Es un evidente mecanismo de exclusión, algo para alejar a los profanos; por eso, de las manos de esos ministros eruditos brotan a menudo los colapsos financieros, los “corralitos” que hunden a países enteros en la ruina, y la tolerancia de robos descarados como los de DMG en Colombia, que estafaron a cientos de miles de personas sin que ningún perfumado experto viniera a explicarle al pueblo y a las clases medias que estaban cayendo, con el beneplácito del poder, en las redes de unos asaltantes cínicos.
La economía, de la que depende el bienestar de millones y millones de personas, no puede ser una ciencia abstrusa e inextricable, y esa farsa descarada es apenas un mecanismo para mantener a los pueblos lejos de la posibilidad de entender los procesos y de juzgar los resultados.
Con unas cuantas alianzas internacionales, y una reducción de la oferta, Chávez logró que los precios del petróleo alcanzaran cifras asombrosas y tuvo de repente en sus manos unos recursos incalculables para echar a andar su proyecto. El primer reclamo que se hizo a su política fue que hubiera dedicado recursos del petróleo a ayudar a los países vecinos y a conseguir aliados en el mundo. Pero a comienzos de los años 70 un ilustre antecesor de Hugo Chávez, Salvador Allende, intentó también transformar su sociedad sin recurrir a la violencia, confiando en el respeto a las instituciones que proclamaba y exigía el gobierno norteamericano y que juraban con firmeza los ejércitos y los potentados. Cuando vieron que Allende intentaba transformaciones reales, el famoso respeto por la institucionalidad que predicaban el imperio y sus adláteres se fue al piso, y una conspiración criminal acabó con Allende, con sus sueños y con la fe en la democracia de toda una generación. Las guerrillas arreciaron por todas partes, el ejemplo de Pinochet fue seguido por militares de varios países, y una noche de sables y de crímenes, que todavía tiene sentados en los estrados a esos viejos generales genocidas, fue el precio que Latinoamérica pagó por la interrupción del proceso democrático chileno.
De todos los procesos políticos y culturales que necesitaba vivir América Latina, ninguno es más importante que la incorporación de los pueblos a la leyenda nacional. La deformación colonial, prolongada por una tradición de castas señoriales que borró a los pueblos indígenas, sus lenguas, sus memorias y sus mitologías; que después de liberar a los esclavos no se esforzó por construir un proyecto de integración social, de educación, de salud y de incorporación a un relato de los orígenes; y que postró a los pobres en la inermidad y la exclusión, exigía en todas partes una gran reforma que devolviera a los pueblos el protagonismo, liberando su iniciativa histórica.
Esa fue la tarea que parcialmente cumplieron la Reforma de Benito Juárez y la Revolución de Villa y de Zapata en México, los gobiernos de Roca e Irigoyen y el movimiento peronista en Argentina, el movimiento de Eloy Alfaro en Ecuador y la rebelión de los mineros de Bolivia en 1952. También la lograron los primeros tiempos de la Revolución cubana, antes de que el bloqueo norteamericano forzara al Estado a imponer restricciones de guerra. Darle su lugar al pueblo en la historia es algo que sólo se logra con respeto verdadero, con oportunidades, con valores, con cohesión social, y fortaleciendo la dignidad de quienes, si no se les permite ser ciudadanos plenos, tienen que terminar convirtiéndose en parias o en verdugos.
Cuánto habría ganado Colombia si le hubiera permitido llegar al poder hace 65 años a Jorge Eliécer Gaitán. Los 300 mil muertos de la violencia de los años 50, y los 500 mil muertos del resto del siglo, atribuibles por igual a las guerras, la violencia, la pobreza y el desamparo social, la delincuencia, la proliferación de las guerrillas y la industria del secuestro, el crecimiento de las mafias, el desmonte de la estructura institucional, la pérdida de sentido patriótico de las élites empresariales y la creciente corrupción política, el paramilitarismo, la juventud arrojada a las guerras de supervivencia, y la caída de muchos militares en la tentación del crimen y la riqueza fácil, todas esas cosas se habrían conjurado con la incorporación del pueblo a la leyenda nacional, que era el sentido profundo del proyecto gaitanista, con la restauración moral que reclamaba su oratoria enfática y pacífica. De todo eso posiblemente salvará el pacifismo chavista a Venezuela, y hasta los que lo odian se lo agradecerán algún día: de vivir en un país como Colombia, donde las carreteras llegaron a convertirse por momentos en caminos sin retorno, y donde en los meses de enero y febrero de 2013 ya llevamos contados más de mil desaparecidos.
Chávez creyó en la democracia. Entendió que no iba a recurrir a las armas, pero que su proceso no se abriría camino si caía en la ilusión de ser, en tiempos imparables de globalización, una aventura encerrada en las fronteras de su país. Se inspiraba en Bolívar, quien nunca aceptó esa idea estrecha de unos paisitos incomunicados, y siempre predicó el ideal de la solidaridad y la construcción de una patria continental.
Los magnates de cada país saben ejercer su derecho a la universalidad, el derecho absoluto de cruzar las fronteras con sus capitales, pero miran con recelo la solidaridad de los pueblos. Las fronteras están cerradas para todo el que no forme parte del mercado financiero. Chávez conocía suficiente geografía e historia para tener una idea de geopolítica más amplia y audaz que la de los gobiernos sujetos sólo a las órdenes del gran capital. Fortalecer a la América Latina era su única forma legítima y eficaz de fortalecer a Venezuela, y en esa medida no hacía más que aceptar las reglas de juego de la globalización, que tanto nos predican como un deber inexorable mientras no pretendamos beneficiarnos de ellas.
A la sombra de Chávez, que tenía más poder de forcejeo en el escenario internacional, y menos obligación de respetar el protocolo, varios procesos democráticos se abrieron camino en América Latina. Viendo la irreverencia de Chávez, a la vez estudiada y espontánea, resultó menos discutible la lucha de Evo Morales y los indígenas bolivianos, y parecían de seda los gobiernos populares de Lula da Silva y de Rafael Correa, de Néstor y Cristina Kirchner y de Pepe Mujica. Chávez apostaba las cartas mayores, y estaba listo para respaldar a los gobiernos amenazados y a los procesos en peligro.
Coincidió el gobierno de Chávez con el momento de mayor desprestigio del poderío mundial de los Estados Unidos, el momento de mayor caída de su liderazgo democrático y moral en el planeta. Los atentados terroristas de Al Qaeda cambiaron el orden de prioridades del imperio; después de décadas de imposición de políticas imperiales en América Latina, incluida la criminal Escuela de las Américas, que educó en la violación de los derechos humanos a una generación de militares en el continente, los gobiernos norteamericanos abandonaron su interés por la América Latina, se lanzaron en Asia a grandes invasiones militares, a una equivocada lucha contra el terror mediante la estrategia del terror, y se hundieron en la barbarie.
Chávez entendió la importancia de ese momento histórico: América Latina, perdida la tutela del hermano arrogante, podía ingresar de verdad en la era de la globalización y abrirse al mundo. Otras potencias se fortalecían, el dragón chino había despertado, Rusia recuperaba su fuerza. Y si Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra y España recibían alborozados a Muamar Gadafi y lo dejaban plantar tiendas en sus países, por qué habrían de reprocharle a Chávez que se acercara al gobernante de un país petrolero con quien tenía intereses comunes. Chávez al menos no tuvo la indignidad de abrazar a Gadafi ante las cámaras y bombardearlo cuando se apagaban los reflectores, como lo hicieron los gobiernos de Francia y de Inglaterra. No fue ofendido por él, lo despidió como a un amigo, y no entró a saco en esa Libia en ruinas, como Cameron y Sarkozy, a reclamar el botín del socio abandonado.
Sabía que si a un nuevo Kissinger, o a una envanecida Condoleezza Rice, se le ocurriera aconsejar la invasión de su territorio, la respuesta no sería sólo del pueblo venezolano, sino de Ecuador y Brasil, de Cuba y Nicaragua, de los países antillanos y Bolivia, de Uruguay, Paraguay y Argentina, pero muy posiblemente también de China y Rusia, y de mucha gente que lo respetaba en todo el mundo. Haber garantizado la independencia de su país le permitió hablar con firmeza, de igual a igual, en el escenario mundial.
El estilo de Chávez merece muchos comentarios. Hay una anécdota que sin duda ha de ser apócrifa, pero que a pesar de todo describe muy bien el espíritu de este luchador a la vez pintoresco y profundo, arrebatado y travieso, desafiante y desconcertante. Se decía que una vez, en una de tantas cumbres de gobernantes, esas cumbres de las que él mismo dijo, con un epigrama inolvidable, que “los gobiernos van de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo”, Chávez se encontró con la reina Isabel de Inglaterra y corrió a darle un abrazo. La anécdota añade que los guardias de la reina se interpusieron enseguida, informándole a Chávez que el protocolo inglés no permitía que nadie abrazara a la reina, y que Chávez contestó con una sonrisa: “Sí, pero el protocolo venezolano exige que abracemos a nuestros amigos”. La anécdota, como digo, ha de ser apócrifa, pero el hecho que ilustra es profundo. Lo que quiere decir, en una sociedad hondamente marcada por la supremacía de las metrópolis y por la etiqueta de las potencias, es que en nuestro tiempo un rey y un presidente son poderes exactamente iguales, que el protocolo inglés no puede ser más respetable que el venezolano.
En esa fábula imaginaria está más profundamente expresada que en ninguna otra parte la verdadera importancia de un hombre como Hugo Chávez para la historia latinoamericana: en un continente acostumbrado a sentirse subalterno, a ser un invitado de segunda en el banquete de las naciones, un hombre les recordó a todos que había pasado el tiempo de la supremacía y de las supersticiones de superioridad; que si había llegado el tiempo de la democracia y de la República es porque había llegado el tiempo de los pueblos, y que en el mundo moderno, como lo quiere todo el arte contemporáneo, como lo anuncian la literatura y la pintura desde los tiempos de Shakespeare y de Velázquez, un rey y un campesino tienen la misma dignidad metafísica y estética, un hijo de los llanos de Barinas y una hija de los castillos de Windsor tienen la misma dignidad y el mismo valor, y si son aceptados por sus pueblos como representantes y voceros, no pueden presumir de ningún tipo de jerarquía.
Por fuera de la anécdota, eso fue lo que hizo Chávez a lo largo de todo su gobierno, y a lo mejor a lo largo de toda su vida, y con ello no les dio una lección sólo a los gobiernos de América Latina, sino a cada uno de los ciudadanos de este continente. Como lo había enseñado Bolívar y lo olvidaron sus sucesores, ya estamos en igualdad de condiciones con todos los ciudadanos del mundo, pasó la edad de las diademas, una banda presidencial y una corona son el mismo símbolo, salvo por la diferencia metafísica de que la corona representa el poder de la tradición y la banda el poder del presente: a la corona la sostienen millones de fantasmas y a la banda la tejen millones de voluntades vivientes.
Pero qué gran país es Venezuela; qué alto sentido de respeto por los conciudadanos el de un país que aun en medio de las más borrascosas diferencias de opinión no se hunde en la violencia sectaria y en el baño de sangre que ha caracterizado cíclicamente a algunos de sus vecinos. Venezuela vive hace quince años, no en la polarización, como afirman algunos, sino en la apasionada politización que caracteriza los momentos de grandes transformaciones históricas. Chávez y sus hombres aceptaron llamar revolución al proceso emprendido, pero hay que conceder que el siglo XX dejó la palabra revolución, por generosa, legítima o inevitable que fuera, cargada de bombas y de sangre, de horrores civiles y tragedias imborrables, y en cambio la revolución de Chávez ha consistido en unas decisiones económicas y en unas movilizaciones políticas: no en fusilamientos, ni proscripciones, ni censuras.
Es esto tal vez lo que le da al proceso liderado por Hugo Chávez su magnitud histórica: nadie puede ignorar la importancia de lo que ocurre, nadie puede ignorar la enormidad de los problemas urgentes que ha enfrentado, la enormidad de las soluciones que ha intentado, y sin embargo se ha cumplido en un clima de paz, de respeto por la vida, en el marco de unas instituciones, y atendiendo a altos principios de humanidad y de dignidad.
Los opositores, que son muchos, lo negarán, como es su derecho, y la prensa de oposición en Venezuela, que es casi toda, afirmará que estos tres lustros han sido de persecución y de censura, como lo han dicho a los siete vientos con todos los recursos de la comunicación moderna en estos trece años. Pero los opositores no pueden negar la generosidad de propósitos de este proceso, así como el chavismo no puede negar la civilidad de sus adversarios, en un continente donde ha habido contrarrevoluciones más feroces y sanguinarias que las revoluciones a las que combatían.
Los millones de personas que lloran con el corazón afligido la muerte de su líder, la dimensión planetaria de esta muerte y la enormidad popular de este funeral confirman que estamos ante un hecho histórico de grandes dimensiones. La verdad se conoce: Venezuela es uno de los pocos países del mundo que se han permitido el lujo inesperado de emprender una transformación histórica con el menor costo posible de confrontación y de arbitrariedad.
Finalmente, Chávez bien podría haberle hecho un favor inmenso a la democracia, Chávez podría ser, en América Latina y a comienzos del siglo XXI, el hombre que refutó la teoría de que la violencia es el motor de la historia. Muchos habrán querido forzarlo a la violencia, muchos soñarán aún con intentarlo, pero cuando ya creíamos que era verdad que el Estado existe sólo para garantizar privilegios y para mantener lo establecido, alguien ha venido a demostrarnos que la democracia puede ser un instrumento de transformaciones reales, que abran horizontes de justicia para las sociedades.
Hugo Chávez, con su mirada sonriente de llanero y su sonrisa profunda de hombre del pueblo, bien podría haber hecho algo mucho más profundo y perdurable que inventar el socialismo del siglo XXI: es posible que haya inventado la democracia del siglo XXI.

William Ospina. Escritor, ensayista y columnista de El Espectador.
William Ospina
Elespectador.com

sábado, 23 de marzo de 2013

EL CORONEL


Amable lector, repasando páginas de nuestra historia, quienes han escrito sobre la vida de Simón Bolívar, no se ponen de acuerdo en reconocer sus méritos y en admitir sus defectos. Pero todos, sin excepción, coinciden que él más que nadie luchó por la igualdad de clases.

Afirmaba que blancos, mestizos, negros, pardos e indígenas tenían los mismos derechos ante la ley. Prueba de ello es que dio la libertad a sus esclavos. Al general Manuel Piar, un mulato ambicioso y altivo por promover el enfrentamiento entre blancos y las gentes de color autorizó que fuera ejecutado.

Con la lenta agonía y muerte del coronel Chávez Frías, quien hizo de Bolívar un ejemplo para seguir, y que ordenó realizar un sofisticado procedimiento para tener certeza de su verdadero rostro; en cambio, poco hizo por indagar sobre el alma del Libertador, pues de haberlo hecho tendría claro que su suerte sería la misma del general Piar.

Chávez, motivado por tantas injusticias, abusos y desprecio por las gentes pobres, quiso cambiar tal estado de cosas, y lo realizó a su manera. Muchos recibieron ayudas en vivienda, educación y salud, pero en cambio, destruyó buena parte de la actividad productiva, alejó la inversión y el ahorro, lo que de manera inequívoca significa que en un futuro habrá más pobres.

Da la impresión que tampoco leyó sobre dos grandes revolucionarios, José Stalin y Mao Tse Tung, que no dudaron en sacrificar millones de personas, exigiéndoles trabajar hasta morir para fundar los cimientos del aparato productivo (bienes de capital). Gracias a lo cual buena parte de las gentes de hoy disfrutan de un mayor bienestar, que se fertilizó con la sangre de personas inocentes.

En la obra escrita por los bondadosos señores Henao y Arrubla, poco se dice de las dificultades que debió superar con sus propios conciudadanos, en particular en el campo militar. Entre otros, Páez, Bermúdez, Rivas, Piar, Zaraza, Cedeño, Castillo y Monagas. Lo anterior, sin contar con el Hombre de las Leyes y muchos otros de los nuestros. Luchar contra los españoles fue una labor menos ardua.

Por la envidia de sus conciudadanos debió salir de Venezuela y finalmente abandonado de todos vino a morir en Santa Marta. Lo acompañaron doce personas que contrastan con el millón que despidió al coronel. Sus restos fueron repatriados unos años después. No por agradecimiento a lo que hizo sino por conveniencias políticas.

Lástima que alguien que tuvo tanto poder, haya desperdiciado la oportunidad de hacer un mejor uso de los enormes ingresos que genera el petróleo. Si hubiese creado más oportunidades de trabajo y no hubiese estimulado la lucha de clases, hoy Venezuela sería muy diferente y nosotros también.

Expongo estas líneas para concluir que, con más frecuencia de lo que se cree, se cambian los principios y las ideas de los grandes hombres, incluyendo a Jesús de Nazaret, para acomodarlas a las conveniencias personales. Ojala que alguien, en un día no muy lejano, les diga a las gentes de Venezuela, que pueblo que no trabaja nunca progresa, que la pereza no es pobreza pero por ahí se empieza. Y que un buen estadista primero produce y después reparte.

RAFAEL ISAZA GONZÁLEZ Publicado el 23 de marzo de 2013. El Colombiano

sábado, 16 de marzo de 2013

UNA HISTORIA PERFUMADA: AROMAS QUE SIEMPRE ACOMPAÑARON AL HOMBRE


Desde los comienzos de la historia, los aromas de la naturaleza han acompañado al ser humano siempre. Utilizados en rituales religiosos primero, luego se fue perfeccionando la fabricación de ungüentos y aceites perfumados, cuya tradición llega hasta nuestros días.

La historia del perfume comienza con el arte de su elaboración. Se cuenta que Alejandro Magno era muy aseado, capaz de perfumar cualquier habitación con sólo el aroma de su cuerpo. En la Edad Media se fabricaron ungüentos con sustancias aromáticas, musgo incluido y después de un período de utilizar animales.

En los siglos XVIII y XIX se volvió al agua de flores. El perfume está tan presente en la historia del hombre como cualquier leyenda. Los aromas de la naturaleza han acompañado al ser humano siempre: las flores, el mar, los árboles, etc.

El Museo del Perfume de Barcelona sostiene que todo comenzó en la prehistoria, el día que el hombre primitivo encendió una hoguera para calentarse o para alejar las fieras que pudieran acecharle y, por casualidad, encendió algunas ramas o resinas de un árbol y éstas comenzaron a desprender un olor agradable, un olor inédito que nunca antes había sentido antes.

Quizás el hecho de encontrarla tan agradable y de que el humo se elevase directamente hacia el cielo, les hizo pensar en utilizarlo como ofrenda a las divinidades o a las fuerzas sobrenaturales que lo habitaban y que desde allí arriba regían sus frágiles destinos en la Tierra.

Los perfumes se han utilizado y se utilizan en rituales religiosos. Los sacerdotes literalmente fumigaban sus oraciones con perfumes que ellos mismos elaboraban, empleando olores fortísimos que favorecían la elevación del espíritu, como con mirra, resina de terebinto, gálbano, olíbano y ládano.

Los aceites perfumados, los ungüentos y las pinturas también formaban parte del rito. Muy temprano por la mañana, cada sacerdote procedía al aseo de las estatuas. Así creían obtener la protección de los dioses y se aseguraban el paso al más allá.

El boom de la cosmética

El aporte más importante que los griegos hicieron a la perfumería fue el aplicar su arte a los frascos de cerámica utilizados para guardar los perfumes, piezas de arte que aún hoy son difíciles de igualar en belleza.

Diseñaron siete formas de almacenar perfumes y los decoraron con animales mitológicos, figuras geométricas y escenas conmemorativas.

El más conocido fue el lekythos, un frasco muy elegante y esbelto que llegó a ser tan popular que para referirse a alguien solemne se decía: "No tenía ni un lekythos".

Pero no todos los griegos amaban el perfume. Sócrates los detestaba, afirmando que ningún hombre debía perfumarse, ya que una vez perfumados olía igual un hombre libre que un esclavo. Otro ejemplo de la democracia ateniense.

A través del Mediterráneo, los griegos exportaron sus costumbres desde el Cercano Oriente hasta España y esto incluyó su amor por los perfumes. Así los primeros perfumistas y barberos salieron de una colonia griega al Sur de Italia y se instalaron en Roma en los tiempos de la República.

Aunque en sus inicios Roma era un pueblo pobre y austero que se dedicaba principalmente a cuidar sus huertos y rebaños y secundariamente a defenderse de sus vecinos, las sucesivas victorias militares y una constante expansión unida al debilitamiento del poder etrusco, la convirtieron en una ciudad brillante y próspera, que pasó de la frugalidad a la opulencia.

Siglo XXI

La perfumería del siglo XXI no escapa a ciertas imposiciones. Si antes los catadores de fragancias, llamados "narices", determinaban el rumbo de una moda, ahora deben escuchar al departamento de marketing y bajar sus narices a fin de seducir a un público cada día más mediatizado.

Sobre la piel

Al aplicarse el perfume sobre la piel, el calor del cuerpo evapora el disolvente, permaneciendo las sustancias aromáticas, que se disipan gradualmente durante varias horas. El perfume se vio favorecido con el refinamiento en las técnicas químicas de los olores.

Su creación

Hay dos tipos de estructuras para la creación de perfumes. Por fases, notas de salida, medias y base, o monolíticas, el aroma se mantiene sin variaciones mientras perdura.

Un 40 por ciento es la forma más concentrada de esencia aromática del perfume. Pero depende del tipo de perfume. El agua de baño lleva el 15 por ciento con aromas cítricos, sólo un 6 por ciento de concentración.

Una mezcla de sustancias aromáticas

El perfume es una mezcla que contiene sustancias aromáticas, pudiendo ser éstas aceites esenciales naturales o esencias sintéticas, un disolvente que puede ser sólido o líquido -alcohol en la mayoría de los casos- y un fijador, utilizado para proporcionar un agradable y duradero aroma a diferentes objetos pero, principalmente, al cuerpo humano.

Los aceites esenciales son sustancias orgánicas, líquidas, aunque algunas veces sólidas, de olor y sabor acres, irritantes e incluso cáusticas. Pueden destilarse sin descomposición, no son miscibles en el agua pero son solubles en alcohol y éter.

Cuerpos grasos, la cera y las resinas.

Su composición química es variadísima, algunos contienen ésteres, alcoholes, fenoles, otros contienen azufre. Existen en todos los órganos de las plantas, pero especialmente en las hojas y en las flores.

Los fijadores que aglutinan las diversas fragancias incluyen bálsamos, ámbar gris. La cantidad de alcohol depende del tipo de preparación al que vaya dirigido. Normalmente la mezcla se deja envejecer durante un año.

Los aceites esenciales se extraen de los vegetales que los contienen formados o que contienen los elementos para su formación. Su extracción industrial tiene gran importancia, existen distintos procedimientos.

Destilación

Este método es el más empleado especialmente para flores, plantas y hierbas, tales como la lavanda, rosas, alhucema, tomillo, sándalo, etc.

Para ello se emplea un alambique de cavidad bastante grande. La parte del vegetal que contiene la esencia de raíz, hojas, flores, corteza, se machaca y se introduce en el alambique. Se añade el agua suficiente para que la materia esté completamente bañada y al cabo de algunas horas de maceración se procede a la destilación.

Cuando se procede por maceración es necesario colocar las flores en unas grandes calderas manteniéndolas sumergidas a fin de que suelten el olor.

http://noticias.terra.com.ar/sociedad/una-historia-perfumada-aromas-que-siempre-acompanaron-al-hombre,cc955e7272e4d310VgnCLD2000000dc6eb0aRCRD.html

miércoles, 27 de febrero de 2013

HISTORIA DEL HOMBRE ELEFANTE


¿Por qué el Hombre Elefante sigue asombrándonos tras tantos años? Desde luego su fama no se la debe ni al cine ni al teatro, pues ya en vida fue una leyenda y un ejemplo para el resto de los mortales. Merrick nos enseñó que pese a su horripilante aspecto físico el interior humano es lo más importante.

Y que el esfuerzo personal, la dedicación y el respeto a los semejantes son pautas que debemos seguir para comprendernos unos a otros. 

Joseph Carey Merrick nació el 5 de agosto de 1860 en Lee Street, Leicester. En el momento de nacer fue un bebe normal, sólo comenzaron a desarrollarse extraños bultos y tumores a la edad de 5 años. Acudió a la escuela hasta los 11 o 12 años de edad. En esa época murió su protectora madre a la que adoraba. El padre volvió a casarse.
 
Su nueva madre y hermanos no lo admitieron con facilidad, así que Merrick se fugo de casa. Sólo volvió tras ser localizado por su padre y convencido de que no le abandonaría nunca. 

En los siguientes meses su tío, hermano del padre, fue su mejor amigo. A los 13 años consiguió un empleo en una fabrica de puros. Allí permaneció dos años hasta que la deformidad de su gigantesca mano derecha le impidió seguir liando las hojas de tabaco. 
La mujer de su padre le hizo pasar malos tragos cuando faltó el dinero que aportaba a la familia, así de Merrick intentó conseguir trabajo como pregonero de mercancías. Ya en esa época su deformidad era tal que la gente no le escuchaba, sino que lo rodeaba horrorizados por aquel ser deforme. 

Los médicos de la enfermería de Leicester intentaron ayudarle, aunque sus operaciones y tratamientos sólo resultaron un martirio. Allí permaneció cerca de tres años. Constantemente la gente quería verlo, entonces a Merrick se le ocurrió la idea de cobrar por exhibirse. 
Escribió a Sam Torr, un director de circo que buscaba novedades para mostrar en su pista. Nada más lo vio comprendió el gran negocio que significaba Merrick. Torr le buscó una habitación en la Posada de la Colmena, propiedad de su amigo Ellis, quien lo trató con aprecio y simpatía. Durante ese tiempo Merrick fue feliz, pues, según sus propias palabras: “Ahora estoy cómodo con lo que antes era incómodo para mí”. 

El siguiente giro a su vida sería protagonizado, en 1884, por un médico de cierta fama en aquel tiempo. Su nombre era Frederick Treves, un cirujano del Hospital de Londres muy interesado por las deformidades humanas. 
Un día, un colega suyo, el doctor Tuckett, le recomendó que no se perdiera la exhibición del Hombre Elefante que por esos días se encontraba en la capital actuando en el circo de Tom Normon. Visitó la “exhibición de monstruos” pero llegó tarde y habían cerrado. Por esas raras casualidades de la vida, Treves coincidió con Normon en una taberna cercana. 

El cirujano había visto muchas deformidades en durante su carrera como médico, pero el Hombre Elefante le impresionó y repugnó al mismo tiempo, haciéndole escribir en su diario: “Es el espécimen más repugnante de la humanidad, degradó y pervirtió en su forma”. Su profesionalidad superó su repulsión y lo invitó al hospital donde quería analizar sus malformaciones. 
En este punto se produjo un aparente hecho insignificante que cambió la vida me Merrick; Treves le dio una tarjeta personal para que no le pusieran impedimentos cuando fuera al hospital. 

Tras realizar toda clase de exámenes médicos Traves llevó a cabo una conferencia en la Sociedad Patológica de Londres apoyado por sus fotos y notas, intentando conseguir un diagnóstico. Nadie pudo explicar el origen de las terribles deformidades. Merrick fue tachado de incurable y abandonó el hospital. 

Dos años más tarde el Hombre Elefante viajó a Bélgica, pero su exhibición fue prohibida por las autoridades. No siendo de ningún valor para el circo fue enviado de nuevo a Inglaterra. Poco se sabe de esta fase de su vida. Sumido en la desesperación y una profunda depresión reapareció en la estación de Liverpool. La policía no comprendía sus palabras y estuvieron apunto de enviarlo para ser internado como loco, pero entonces Merrick mostró la tarjeta personal del doctor Treves. 

Cuando el médico lo vio su aspecto era lamentable y su estado emocional cercano a la auténtica locura. Merrick comenzó a llorar; aquello desconcertó a Treves, el monstruo tenía sentimientos. Pronto, más calmado y acomodado en el ático del Hospital de Londrés, empezó a hablar con su protector, quien quedó impresionado por la afable e inteligente personalidad de aquel ser de físico deformado por la naturaleza. 

Treves, junto a su amigo Carr Gromm, publicaron un artículo en el Times pidiendo ayuda y donaciones para el cuidado de Merrick. El auxilio comenzó a llover de todos lados. Muy pronto creció una profunda amistad entre el Hombre Elefante y el médico. Merrick deseaba ir a un hospicio para ciegos donde nadie podría ver sus deformidades. 

Sin embargo, en diciembre de 1886 Merrick pudo disponer de su propia casa en las cercanías del Hospital. Allí su mente pudo por fin descansar dedicándose a la lectura y a contestar una increíble cantidad de cartas. Por la noche, cuando nadie le veía, el Hombre Elefante salía fuera de la casa y paseaba solitario por los jardines. 

Pese a todo Treves no estaba contento, sabía que su amigo necesitaba hablar con otras personas, especialmente con mujeres que le apartaran de médicos y científicos. Merrick adoraba al sexo contrario y sólo su madre no había mostrado repugnancia al acercársele. Aquello era más patente cada día, pues devoraba, una detrás de otra, las novelas románticas. 

Treves preparó una cita con una hermosa viuda. La mujer únicamente tenía que darle la mano y sonreírle. Un plan aparentemente sencillo si no fuera por el horroroso físico de su amigo. Cuando aquello sucedió Merrick comenzó a llorar de emoción. Por primera vez una mujer que no fuera su madre lo había tocado. La historia corrió pronto de boca en boca y el Hombre Elefante comenzó a recibir visitas de muchas mujeres, que deseaban conocer a aquel ser humano tan sensible. No faltó la flor y nata de la nobleza, aunque la más famosa de todas ellas fue la Princesa de Gales, quien le tomó por la mano y habló un buen rato con él. Su visita se repitió en numerosas ocasiones. En una de ellas le regalo una fotografía firmada. 

Ese verano Merrick fue a vivir con el guardabosque local. Un hombre que no se asustaba del aspecto de su invitado. Durante mes y medio fue el ser más feliz sobre la tierra paseando y observando las plantas y animales de la zona. De regreso a su casa de Londres la vida parecía sonreírle al sentirse valorado y querido. Entonces ocurrió lo inesperado. Una mañana fue encontrado muerto en su cama. 

Por las notas de Treves los síntomas parecían de asfixia. Hoy al examinarse el esqueleto la hipótesis más admitida es que se quedó durmiendo sentado en la cama, su cabeza se inclinó de golpe desnucándole. 

¿Qué enfermedad padecía el Hombre Elefante?
 

El propio Merrick alentó la idea que durante un desfile de animales del circo cercano su madre, estando embarazada de él, había sido empujada por la muchedumbre cayendo bajo un elefante. El terror que le causó la experiencia era el origen de sus deformidades. Esta versión fue la que adoptaban los jefes de pista cuando lo presentaban al público. 

Durante años se ha supuesto que Merrick padeció neurofibromatosis, un raro mal todavía conocido como la enfermedad de Hombre de Elefante. Se trata de un desorden genético que afecta a uno de cada 4000 recién nacidos. El primer problema para aceptar esta afirmación radica en diversos síntomas muy concretos de la enfermedad que Merrick no tenía. 

Recientemente, sin embargo, algunos médicos especulan sugiriendo que Merrick padeció el síndrome de Proteus; más raro todavía y del que sólo se conocen 100 casos en todo el mundo. Una extraña proliferación de las células causa el crecimiento del hueso anormal en el cráneo y en varios tejidos del cuerpo. Aunque, de nuevo, ningún caso conocido es tan llamativo como el del Hombre Elefante. Esta enfermedad se descubrió a finales de los años setenta y, debido a la falta de casos, quedan muchos puntos por aclarar todavía. 

Por impensable que nos parezca, nadie sabe con exactitud, después de tantos años, diagnosticar el mal que deformó el cuerpo de Joseph Carey Merrick. 

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jueves, 29 de noviembre de 2012

LA CIENCIA ANALIZA LAS PROFECÍAS DE LOS MAYAS


Las teorías que advierten que la inminente llegada del fin del mundo está anunciada en el calendario maya han cobrado fuerza en los últimos tiempos.
La caída de un meteorito gigante, un rayo solar destructor, incendios, maremotos y terremotos de enorme magnitud son algunas de las posibilidades barajadas por quienes esperan un desenlace fatal a fines de 2012.
CULTURA ASTRONOMICA
Beatriz García, astrónoma e investigadora independiente en la subsede del Instituto de Tecnología en Detección y Astropartículas de Mendoza (ITEDAM-CONICET), describe a los Mayas como una cultura dotada de conocimientos astronómicos.
"No anunciaban profecías, sino que a través de la observación y del cálculo, predecían sucesos naturales periódicos tales como eclipses o las fases de la Luna o Venus", explica.
Los Mayas utilizaban más de un calendario: uno de cuenta corta y otro de cuenta larga. El primero, de 365 días, era utilizado para la vida cotidiana y se basaba en las posiciones aparentes del Sol a lo largo de un período completo de traslación de la Tierra en su órbita.
El calendario de cuenta larga era de 144 mil días: "Servía para destacar fechas importantes que necesitaban un registro permanente y les permitía hacer cálculos y establecer hitos hacia el futuro y hacia el pasado", asegura García.
CALENDARIO MAYA
Para la denominación maya un día era un kin, 360 días eran un tun y 144 mil días eran un baktun. El próximo 21 de diciembre culmina el baktun 13.
García sostiene que el estudio pionero de la astrónoma Maud Makemson sobre la Cuenta Larga en 1947, fue posteriormente reinterpretado "de la peor manera y transmitidas a la gente sin ningún tipo de filtro".
Makemson afirmó que la finalización del periodo de 13 baktunes podría ser una fecha importante en su calendario y esto le permitió a la profecía maya del fin del mundo cobrar fuerza y expandirse desde entonces.
En 1966 el antropólogo Michael Coe asoció el fin del baktun con la llegada del Armagedón. "Según Coe, parte de su análisis está basado en el paper de Makemson, pero en ese artículo de 1947 no se infiere el fin del mundo para el cierre del ciclo 13 baktun", explica García.
La investigadora advierte que varios textos al hablar de las profecías son presentados como de carácter científico. "Esto no sería un problema si se los catalogara como ficción pero la ciencia se basa en la verificación de sus predicciones", dice.
CULTURA Y SABER
Alejandro López, astrónomo, antropólogo e investigador asistente del CONICET en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), asegura que la aceptación social de la profecía está vinculada desde el punto de vista de la astronomía cultural al proceso de globalización.
"Hay una posibilidad de acceder a contenidos culturales de diferentes contextos y de distintos lugares para intentar construir con eso, nuevos horizontes de sentido", afirma.
De acuerdo con el investigador, la búsqueda de una raíz americana por parte de movimientos vinculados a la espiritualidad funciona además como crítica al paradigma del desarrollo moderno occidental.
En este contexto, a partir del año 2000 se generó una gran expectativa milenarista, especialmente entre algunos grupos vinculados al movimiento de la "new age". "Que en este caso se haya recurrido a los mayas como fuente de legitimación, se vincula con el valor simbólico que hoy se le asigna a lo aborigen como fuente de una sabiduría alternativa", concluye.
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jueves, 8 de noviembre de 2012

COLAPSO DE CIVILIZACIÓN MAYA VINCULADO A LARGA SEQUÍA


El colapso de la civilización maya fue consecuencia de una larga sequía, según un estudio internacional publicado el jueves en Estados Unidos, que confirma una hipótesis hasta ahora controvertida.
"El ascenso y la caída de los mayas es el ejemplo perfecto de una civilización sofisticada incapaz de adaptarse al cambio climático", dijo James Baldini, de la Universidad de Durham en Gran Bretaña, uno de los principales co-autores del estudio publicado en la revista Science con fecha 8 de noviembre.
"Períodos de lluvias excepcionales (de 450 a 660 dC) aumentaron la productividad de los sistemas agrícolas mayas causando una explosión demográfica y una sobre-explotación de los recursos", dijo el investigador.
El clima se volvió cada vez más seco provocando un agotamiento de los recursos, una desestabilización del sistema político y guerras, explicó Baldini.
Y "después de años de carencia, la sequía, que duró casi un siglo, desde 1020 hasta 1100, definitivamente selló el destino de la civilización maya", dijo.
Estos investigadores lograron reconstruir los períodos de lluvia y sequía en el transcurso de los últimos 2.000 años en la región donde vivían los mayas, entre México, Belice, Guatemala y Honduras.
Para ello, analizaron la composición química de estalagmitas de la cueva de Yok Balum en Belice, situada a 1,5 km del sitio maya cerca de Uxbenká y cercana a otros grandes centros mayas impactados por el mismo sistema climático.
Las estalagmitas se forman en el piso de las cuevas por la caída continua de agua calcárea, lo cual permite medir las precipitaciones a lo largo del tiempo.
Debido a que los mayas recopilaban meticulosamente los sucesos políticos en grabaciones en monumentos de piedra, los autores del estudio pudieron comparar la reconstrucción de la historia del clima en la región y los cambios en la frecuencia de los conflictos y otros eventos importantes.
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domingo, 28 de octubre de 2012

PARA DIALOGAR CON EL ADVERSARIO


El Informe sobre Desarrollo Humano 2011 del PNUD destaca el papel de las elites regionales, que en alianza con los grupos armados, paramilitares o guerrilla, se han beneficiado del uso de la coerción armada para distorsionar los resultados electorales con el fin de influir en el desempeño de las instituciones.

También para capturar rentas y ejercer el poder a su acomodo con plena impunidad.

En las poblaciones y regiones en donde está más consolidado el poder de estas elites son mayores las necesidades insatisfechas de la población, menor el bienestar y también menor la efectividad del Estado.

Esta criminalización regional de la política tiene severas consecuencias en el ámbito nacional, porque es uno de los pilares sobre los que se monta la corrupción y el clientelismo, y ha debilitado a los partidos y las instituciones del Estado que han perdido legitimidad y capacidad de actuar.

Las elites beneficiarias de esta evolución perversa de la política están sobrerrepresentadas en el Congreso, desde donde establecen vínculos estrechos con otras ramas del poder e interfieren con cualquier iniciativa de reforma. 

Para asegurar el progreso rural es necesario desmontar esta estructura de corrupción y exceso, pero ella es parte del andamiaje del sistema político vigente.

Como sucedió en el pasado, cuando Carlos Lleras Restrepo soñó con crear una clase media rural, los gamonales se le van a atravesar a quienes lo intenten. 

Si vuelven a tener éxito, la pérdida no será solamente del campo y de sus habitantes sino de todo el país, de su sistema productivo y de la democracia. 

Se trata de un gran cambio político para el que no se cuenta con todas las herramientas, pero que seguramente va a ser central en las discusiones que se lleven a cabo sobre el problema de tierras y el programa agrario, pues las elites regionales son el nudo gordiano que se tiene que romper.

Pero otro tipo de elites no tienen por qué excluirse de un proceso de transformación política y social.

La FAO dice que hay varios millones de colombianos con hambre. Ese es un problema político de los alcaldes, en primer lugar, y del Gobierno central. Pero la economía y el sector rural colombiano se beneficiarían enormemente si se organizara la producción agrícola para proveer o financiar con exportaciones buena parte de los alimentos que se necesitan.

El Pnud espera implícitamente que esto suceda como resultado de una reforma de la estructura de propiedad y producción agraria y una transformación democrática del poder local. 

Distribuir la tierra en lotes medianos es una opción para desarrollar una pequeña burguesía rural, pero no es viable en varias regiones o para todos los cultivos.

Algunos de ellos, por ejemplo el de palma africana, requieren grandes extensiones pero pueden funcionar con alianzas productivas entre un capitalista promotor que provee asistencia y compra el producto para su industria y familias campesinas productoras que son propietarias de los cultivos. 

Ese agente capitalista necesariamente debe establecer relaciones equilibradas con sus proveedores.

Probablemente proviene de una elite de naturaleza diferente a las tradicionales, porque cuando ellas conciben esas alianzas, las formulan como modelos de explotación y sumisión de los campesinos. 

El proyecto de Carimagua de la anterior administración fue objeto de vehemente oposición, porque se sospechaba que se había concebido con ese criterio, pero hay otros que funcionan porque se respetan los derechos de los productores campesinos y se tienen en cuenta su organización y sus aspiraciones.
RUDOLF HOMMES
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