martes, 13 de diciembre de 2011

EN BUSCA DE LA PARTICULA DE DIOS


La partícula subatómica es tan importante para la comprensión del espacio, tiempo y materia que los científicos la han denominado “partícula de Dios".

Científicos del laboratorio de partículas físicas más grande del mundo dijeron que pueden haber identificado el bosón de Higgs,  elemental durante la creación del universo después del Big Bang.
Los investigadores del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) dijeron que se reunió indicios “tentadores” para comprobar la existencia de “la partícula de Dios”, pero que no son suficientemente sólidos para proclamar el descubrimiento.

En una conferencia de prensa, los directores de los experimentos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) dijeron que hubo un progreso significativo en la búsqueda del elemento esencial.
“Se necesitan más datos y estudios, pero creo que los meses venideros serán apasionantes", dijo la coordinadora del experimento ATLAS, Fabiola Gianotti desde el laboratorio del CERN en Ginebra, Suiza.

Probar la existencia del bosón de Higgs, mencionada por primera vez en 1964 por el físico Peter Higgs, tendría un impacto importante en el avance de la ciencia, ya que es la única partícula que aún no ha sido observada.

"Estadísticamente, no se cuenta todavía con suficientes evidencias. Se necesita todo un año de trabajo en 2012 y triplicar la cantidad de datos que se tienen hasta ahora para poder decir si existe o no, incluso si estamos buscando en el lugar adecuado o no", agregaron los físicos.

Los científicos han estado trabajando en el Gran Colisionador de Hadrones que tiene un costo aproximado de $10 mil millones de dólares y es el más grande y de más alta energía del mundo.

Voz de América. 13 de diciembre de 2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

EL EXITO DE CHINA


China celebró el 60º aniversario de la República Popular el 30 de septiembre y la fanfarria habrá irritado a aquellos cuyas inclinaciones ideológicas no toleran que un “país comunista” tenga un tan alto concepto de sí mismo. Pero vale la pena observar a China objetivamente para ver qué le ha permitido pasar en una generación de ser un país asolado por la pobreza a una de las economías más grandes del mundo.
A los críticos les gusta afirmar que, pese a sus éxitos económicos, el país no tiene “grandes ideas” que ofrecer. Sin embargo, para quien esto escribe, son precisamente grandes ideas las que han configurado el dramático ascenso de China. Aquí van ocho de ellas.
1) Buscar la verdad en los hechos. Éste es un antiguo concepto chino, así como el credo del difunto Deng Xiaoping, quien creía que los hechos, más que los dogmas ideológicos (sean del este o el oeste) debieran ser el criterio final para identificar la verdad.
Examinando los hechos, Beijing concluyó que ni el modelo comunista soviético ni el modelo de democracia occidental funcionaban realmente para un país en desarrollo, en términos de lograr la modernización, y que la democratización habitualmente sigue a la modernización en lugar de precederla.
2) La primacía de las formas de vida de los pueblos. Beijing ha adherido a este viejo concepto chino de gobernabilidad destacando como el derecho humano más esencial la erradicación de la pobreza. Esta idea despejó el camino al enorme éxito de China al sacar a cerca de 400 millones de individuos de la pobreza abyecta en el plazo de una generación, un éxito sin precedentes en la historia humana.
Se puede sostener que China corrigió una omisión histórica en la gama de los derechos humanos postulados por Occidente, que desde la Ilustración se han centrado casi exclusivamente en los civiles y políticos. Esta idea podría tener implicancias perdurables para los pobres del mundo.
3) La importancia del pensamiento holístico. Influida por su tradición filosófica, China ha seguido una estrategia holística para la modernización. Esto le ha permitido a Beijing establecer un patrón claro de prioridades y secuencias en diferentes etapas de transformación, donde a las reformas fáciles suelen seguir reformas más determinantes y difíciles, en contraste con las políticas populistas y de corto plazo que se aplican hoy en gran parte del mundo.
4) El gobierno es una virtud necesaria. En la larga historia de China, todas las épocas prósperas estuvieron asociadas a un Estado esclarecido y fuerte. Al contrario de la visión estadounidense del Estado como un mal necesario, la transformación de China ha sido encabezada por un Estado desarrollista esclarecido. Y al contrario de Mijaíl Gorbachov, que abandonó su viejo Estado y luego encontró a su imperio hecho trizas, Den Xiaoping reorientó al viejo Estado de China desde la utopía de Mao a la promoción de la modernización.
5) La buena gobernabilidad importa más que la democratización. China rechaza la dicotomía estereotipada de democracia versus autocracia y sostiene que la naturaleza del Estado, incluida su legitimidad, debe definirse por su sustancia; es decir, la buena gobernabilidad, y testeada por lo que pueda realizar.
Más allá de sus deficiencias en cuanto a transparencia e instituciones legales, el Estado chino ha presidido sobre la economía de más rápido crecimiento del mundo, mejorando ampliamente los estándares de vida de su pueblo.
6) Legitimidad por desempeño. Inspiradas en la tradición confuciana de la meritocracia, Beijing practica, si bien no siempre exitosamente, la legitimidad por el desempeño a través de todo el estrato político. Criterios como el desempeño en la erradicación de la pobreza y, cada vez más, en un medio ambiente más limpio, son factores clave en la promoción de los funcionarios. Los líderes de China son competentes, sofisticados y probados en diferentes niveles de responsabilidad.
7) Aprendizaje y adaptación selectivos. China representa una cultura secular donde se aprecia aprender de los otros. Los chinos han desarrollado una notable capacidad para el aprendizaje y la adaptación selectiva de nuevos desafíos, como se demuestra en la rapidez con que China ha asumido la revolución de las tecnologías de la información y luego ha sobresalido en ellas.
8) La armonía en la diversidad. Beijing ha revivido el antiguo ideal confuciano de una sociedad grande y compleja. Al descartar las políticas de confrontación al estilo occidental, Beijing ha trabajado duro para enfatizar los elementos comunes en los intereses de diferentes grupos con el propósito de diluir las tensiones sociales asociadas con los cambios rápidos y para establecer lo más pronto posible una red de seguridad social para todos.
China todavía se enfrenta a serios desafíos, como la lucha contra la corrupción y la reducción de las brechas regionales. Pero lo probable es que siga evolucionando sobre la base de estas ideas, en lugar de adherir a la democracia liberal occidental, debido a que estas ideas han en apariencia funcionado y han combinado de modo razonable el sentido común y la singular cultura política de China, producto de varios milenios, que incluyen alrededor de 20 dinastías, siete de las cuales duraron más que toda la historia de Estados Unidos.
Si bien China seguirá aprendiendo de Occidente para su propio beneficio, podría ser tiempo ahora para que éste, por emplear la famosa frase de Deng, “emancipe su mente” y aprenda un poco más sobre China, incluso de sus grandes ideas, por muy ajenas que le parezcan, para su propio beneficio. Esto no es sólo para evitar mayores incomprensiones por motivos ideológicos de esta nación enormemente importante, una civilización en sí misma, sino también para enriquecer la sabiduría colectiva del mundo al abordar los desafíos que van desde la erradicación de la pobreza al cambio climático y el choque de civilizaciones.
Por Zhang Wei-Wei. El autor es académico de la Escuela de Diplomacia y Relaciones Internacionales de Ginebra y de las universidades chinas de Tsinghua y Fudan.


CAIDA DEL MURO DE BERLIN


Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, Mikhail Gorbachov graba un disco en memoria de su esposa. Raisa Maximovna muere en 1999 mientras recibe tratamiento contra la leucemia en Alemania, unificada 10 años antes gracias a su marido y el canciller de la porción occidental, Helmut Kohl, con la venia de George Bush tras las gestiones de su antecesor, Ronald Reagan, y el papa Juan Pablo II. El padre de la perestroika (transformación) interpreta ahora siete de las diez Canciones para Raisa con el músico ruso Andréi Makarévich. Son las favoritas de ella. Son, en su voz cascada, el tributo a 45 años de matrimonio.
En 1992, los Gorbachov visitan a la Argentina. Le preguntan a él, con tono de broma, si la mancha en su frente es un ingrato recuerdo de las palomas de la Plaza Roja. La mira a Raisa y, finalmente, sonríe. Sobre su espalda carga el peso de la desintegración de la Unión Soviética: los rusos jamás van a perdonarle el sosiego de las tropas soviéticas destacadas en Alemania Oriental mientras cae el Muro de Berlín y, como fichas de dominó, se desencadena el final de los regímenes comunistas de la órbita soviética, así como, ese año crucial, 1989, el retiro de Afganistán.
Tampoco van a convalidar el anuncio televisivo en el cual protesta un anciano por el caos económico, se jacta un muchacho de las oportunidades y se alegra una mujer de tener Pizza Hut en Moscú gracias a Gorbachov. Ni, años después, su participación en la campaña publicitaria de Louis Vuitton, al igual que la actriz francesa Catherine Deneuve y los tenistas André Agassi y Steffi Graf.
Todo es parte del cambio. Lo precipita en 1986 el desastre nuclear de Chernobyl. Le confía entonces Gorbachov a Raisa: "No podemos seguir así". Es el secretario general del Partido Comunista. Trepa el palo enjabonado hacia la presidencia soviética, eje de un imperio al borde del colapso. El sistema, antes invulnerable, es ahora tóxico. La política de glasnost (transparencia) destapa aquello que ha ocultado la propaganda. En el gobierno sustituye la Doctrina Brezhnev, basada en defender a regímenes afines en otros países, por la Doctrina Sinatra, basada en permitir que esos países se arreglen solos; en la voz de Frank Sinatra, "a mi manera".
En el 40° aniversario de la República Democrática Alemana, el 7 de octubre de 1989, queda en evidencia la soledad del régimen de Erich Honnecker, uno de los pocos defensores de la masacre de Tiananmén, en Pekín; renuncia poco después. En cuestión de semanas, el 9 de noviembre, cae el Muro de Berlín. Esa noche, Gorbachov en persona evita que intervengan las tropas soviéticas apostadas de ese lado del mundo, dividido desde el 12 de agosto de 1961. Kohl está de visita oficial en Polonia; Bush es informado por el Consejo de Seguridad Nacional.
Todo resulta tan sorpresivo que un solo de canal de la televisión norteamericana, NBC, transmite en vivo y en directo las imágenes del desenlace. El planeta no sale de su asombro. Es la respuesta al clamor popular. Es, también, el enigma que no tendrá respuesta: What´s left? Tiene dos acepciones: ¿qué queda? y ¿qué es izquierda?
En el Este acuñan el término ostalgie (mezcla de Este con nostalgia). Definen con ella la añoranza de la economía planificada, libre de un fenómeno tan novedoso y abrumador como el desempleo. En palabras de Gorbachov, "el verdadero logro que podemos celebrar es que el siglo XX marcó el final de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas".
No es el final de la historia ni el crepúsculo de las ideologías, pero, en el apogeo de la globalización, reina el desconcierto. La gente se familiariza con los líderes; acaso por el conjuro del poder, los líderes se apartan de la gente. Europa ensaya con híbridos en busca de una marca. La encuentra en la tercera vía, patentada por el director de la London School of Economics and Political Science, Anthony Giddens. Con ella convence a Tony Blair de fundar una corriente internacional de izquierda.
Eso queda de la izquierda: un socialismo más apegado a lo real que a lo ideal. En sus gobiernos, Blair no se diferencia de Margaret Thatcher y Bill Clinton tampoco se diferencia de Reagan. Es de necios insistir con la utopía de Mayo del 68. En ello convienen el primer ministro francés, Lionel Jospin, y el canciller alemán, Gerhard Schröder. En 1999, Alemania enfrenta su primer reto bélico desde la Segunda Guerra Mundial: interviene en la represalia de la alianza atlántica (OTAN) contra el líder serbio, Slobodan Milosevic, por la limpieza étnica emprendida en Kosovo. Rubrica esa guerra el destino de Yugoslavia, condenada a desmembrarse como la Unión Soviética.
Ese año muere Raisa. El presidente ruso, Boris Yeltsin, se ve en un aprieto: la ha criticado y ridiculizado. Es velada en el altar secular de la patria. Le escribe a Gorbachov que ve en ella a su "amiga más fiel y devota". Le dedica a Raisa su viudo, 10 años después, la canción Cartas viejas . Tan viejas, quizá, como los sueños de libertad garabateados en el extinto y vergonzoso Muro.
Por Jorge Elías

miércoles, 7 de diciembre de 2011

CRISIS ECONOMICA MUNDIAL


Los países emergentes están saliendo mejor librados del proceso de rebalanceo mundial que los países avanzados. Los famosos BRICS, ahora son reemplazados por los EAGLES, en medio de una intensa pugna por materias primas, alimentos y recursos energéticos. El control de las finanzas mundiales ya es fuente de graves tensiones geopolíticas. Esclarecedora mirada panorámica..

Está tomando forma un nuevo orden económico internacional en el que los conflictos económicos internacionales serán más habituales.
Introducción
La recuperación económica mundial se está produciendo a dos velocidades. Mientras que la mayoría de las potencias emergentes han capeado la crisis con gran destreza y ya en 2010 habían vuelto a los elevados niveles de crecimiento que registraron antes de la quiebra de Lehman Brothers, los países avanzados han vuelto a frenar su crecimiento y el futuro les depara altos niveles de desempleo y deuda en un contexto de envejecimiento de la población. Esto supone que, a la salida de la Gran Recesión (2008-2010), además de darse un desacoplamiento entre países avanzados y emergentes, se ha producido una importante aceleración de la tasa a la que los países emergentes están aumentando su peso relativo en la economía mundial en relación a EEUU, la UE y Japón.
Por lo tanto, aunque el cambio en el equilibrio de poder económico internacional a favor de los países de Asia (y en menor medida de América Latina) lleva varias décadas en marcha, la Gran Recesión los ha acelerado, haciendo que en los países ricos –especialmente la UE– experimenten un declive económico relativo mayor del que se esperaba hace tan solo un lustro.
Aunque los países avanzados seguirán manteniendo niveles de renta per cápita superiores a los de la mayoría de las potencias emergentes y su peso en las instituciones económicas internacionales (y en los campos militar y tecnológico) seguirá siendo dominante, irán perdiendo presencia, poder e influencia. en el mundo y serán más vulnerables que en al pasado ante las nuevas amenazas generadas por la globalización económica.
Este documento estudia estas tendencias. Tras exponer brevemente por qué las perspectivas de crecimiento son mucho mejores en los países emergentes que en los avanzados se explica en qué ámbitos pueden aparecer conflictos derivados del nuevo orden económico internacional que se está fraguando.
Una recuperación asimétrica
Cuando en 2007 aparecieron los primeros síntomas de la crisis subprime en EEUU se planteó que tal vez los países emergentes, que tenían sólidos fundamentos macroeconómicos y sistemas financieros saneados, serían capaces de desacoplarse de los países ricos y no verse arrastrados por la crisis. Este desacoplamiento no se produjo porque la crisis llegó a las economías emergentes tanto por el canal financiero (en forma de reducción del acceso al crédito) como por el comercial (en forma de una menor demanda por parte de los países avanzados para sus exportaciones). Sin embargo, sí que parece haberse producido un desacoplamiento a la salida de la crisis, con crecimientos muy sólidos en prácticamente todos los países emergentes y mucho más lentos en los países avanzados (EEUU y Japón mantienen el crecimiento gracias a los estímulos monetarios y fiscales mientras que la UE se está desacelerando a gran velocidad debido a los ajustes fiscales y la crisis del euro).
Aunque los países emergentes se verán afectados por el frenazo de crecimiento en los países ricos (esta vez, sobre todo a través del canal exportador), sus principales retos pasan por no morir de éxito, por lo que están intentando tomar medidas para evitar el recalentamiento de sus economías, frenar la inflación y controlar las enormes entradas de capital que están recibiendo y que podrían generar burbujas en los mercados de activos y mayores apreciaciones en sus tipos de cambio. Esto contrasta con la situación de los países avanzados, que están ahogados por la deuda (pública y externa), no logran rebajar sus tasas de desempleo y se enfrentan a una década de duro desapalancamiento, escasa inversión y debilidad de sus sistemas financieros en un momento en el que deberían haber tenido unas cuentas públicas saneadas para hacer frente al envejecimiento de sus poblaciones.
Por lo tanto, por primera vez en la historia reciente estamos asistiendo a una situación en la que los fundamentos macroeconómicos y las expectativas en los países emergentes son positivos mientras que la mayoría de los países avanzados necesitan subsidiar su crecimiento para no caer en una nueva recesión. El hecho de que por primera vez la mayoría de los préstamos del FMI se concentren en la zona euro (y no en las economías emergentes), que se sucedan las compras de empresas occidentales por parte de los fondos soberanos de los países emergentes, que China acumule ya más de 3.2 billones de dólares en reservas (y sus adquisiciones de títulos de deuda supongan la salvación de los países europeos con problemas para colocar sus nuevas emisiones) o que cada vez más avances tecnológicos procedan de empresas multinacionales con origen en los países emergentes dan buena muestra de cómo está cambiando el panorama económico internacional.
Aunque China, la India y Brasil son los países que se llevar la mayoría de los titulares, la reconfiguración de pesos y fuerzas en la economía mundial va mucho más allá de los BRIC (Brasil, Rusia, la India y China). De hecho, este acrónimo creado en 2003 por el banco de inversión Goldman Sachs ya se ha quedado corto y obsoleto para dar cuenta del cambio en la geografía de la producción mundial y los cambios en los flujos comerciales y financieros que estamos presenciando. Hoy, hay muchos otros países emergentes (más pequeños) que están cobrando cada vez más fuerza. Así, el Servicio de Estudios del BBVA creó en 2010 el concepto EAGLES (Emerging And Growth-Leading Economies), que tiene la intención de sustituir al término BRIC.
Los EAGLES son las economías emergentes que lideran el crecimiento global, tienen unos fundamentos económicos suficientemente sólidos como para hacer frente a posibles adversidades y se están convirtiendo en el principal destino de inversión a la salida de la crisis, demostrando que la tradicional dicotomía entre países ricos “estables” y emergentes “inestables” se está rompiendo [2]. Los EAGLES son un grupo no cerrado integrado por los cuatro BRICs y otras seis economías que en este momento el BBVA considera igualmente relevantes. Se trata de Corea, Indonesia, México, Turquía y Taiwán y Egipto, que podría quedar fuera de esta categoría si en el futuro no consigue mantener su crecimiento debido a los efectos de su transición política. Además, el grupo se irá modificando según cambien las perspectivas de crecimiento, pudiendo dar entrada a medio plazo a países como Tailandia, Sudáfrica, Nigeria, Argentina, Colombia, Malasia o Vietnam.
Lo que todos los EAGLES tienen en común es que se espera que cada uno de ellos contribuya más al crecimiento global en los próximos 10 años que la media de los países desarrollados grandes. Además, el BBVA estima que mientras que en la próxima década los países del G7 sólo serán responsables del 14% del crecimiento mundial, los EAGLES aportarán más del 50% (y China y la India aportarán la mayoría de este crecimiento).
Las predicciones que miran incluso más adelante (y que bien podrían equivocarse) no dudan en afirmar que, en términos económicos, el siglo XXI estará dominado por Asia (el XIX lo estuvo por Europa y el XX por EEUU y Europa) y que, aunque a la altura de 2040 EEUU y la UE todavía tendrán cierto peso en la economía mundial, se habrá consolidado un orden económico multi polar que, a medida que avance el siglo, tenderá a un declive relativo de la zona del Atlántico Norte y a un auge de la región de Asia-Pacífico.
Así, distintos informes publicados en el último año coinciden en señalar que hacia 2050 Asia será responsable del 50% de la producción mundial, Europa y América del Norte de un 15% cada una y América Latina y África de algo menos del 10% cada una. La economía china doblará en tamaño a la de EEUU y Alemania será la única economía europea entre las 10 más grandes, por detrás de la India, Brasil, Indonesia, Rusia, Japón y tal vez Nigeria o México. Además, la India se convertirá en la mayor economía del mundo antes de 2050, ya que su población envejecerá más despacio que la de China.
En definitiva, en las próximas décadas asistiremos a la aceleración del proceso que el profesor de ESADE Javier Santiso ha bautizado como el rebalanceo de la economía mundial, que hará que la clásica distinción entre centro y periferia planteada por los teóricos del estructuralismo hace medio siglo quede cada vez más obsoleta. En particular, Asia volverá a recuperar lentamente el enorme peso económico que tuvo hasta la revolución industrial y no puede descartarse que muchos países de América Latina también ganen peso relativo en detrimento de los países europeos, Japón y, en menor medida, EEUU.
Esto no significa que los países avanzados vayan a perder su poder e influencia internacionales a corto plazo. De hecho, como demuestra el Índice Elcano de Presencia Global del Real Instituto Elcano (IEPG), la presencia de los países emergentes, aunque destacada en el ámbito económico, es todavía limitada en los campos militar, científico, social y cultural. EEUU sigue teniendo una enorme presencia global y los países europeos (que sumados superarían a EEUU en muchos de los indicadores si se tomaran como un todo) también mantienen posiciones destacadas en prácticamente todos los ámbitos.
Como indican Ignacio Molina e Iliana Olivie, autores del estudio, resulta llamativo que países como la India y Brasil aparezcan con menor presencia global que pequeños Estados europeos como Bélgica y los Países Bajos. Ello se explica porque se trata de países grandes, en términos relativos, pero que todavía no cuentan con una gran vocación de presencia exterior. En todo caso, lo que sí subraya el IEPG es que la tendencia apunta claramente hacia un aumento de la presencia de los principales países emergentes en todas las aéreas.
Este cambio en el equilibrio de poder en la economía mundial, que Fareed Zakaria ha bautizado como The Rise of the Rest, ya estaba generando conflictos en las relaciones económicas internacionales, así como en las instituciones de gobernanza global. Lo esperable es que, durante los próximos años, estos conflictos se intensifiquen. Por una parte, el rápido crecimiento de los países emergentes les llevará a demandar mayores cuotas de poder en las instituciones internacionales.
Por otra, los problemas de endeudamiento y desempleo de los países avanzados podrían dar lugar a un auge de las presiones proteccionistas, que podría generar conflictos. Además, como los países avanzados tendrán que concentrarse en sus problemas económicos internos, es posible que dejen cierto vació de poder y liderazgo en la escena internacional que Brasil, China y la India podrían intentar aprovechar. A continuación señalamos los principales puntos de fricción que podrían aparecer en el campo económico, que requerirán mejorar la cooperación económica internacional para evitar conflictos.
Pugna por los recursos energéticos y alimentarios
El espectacular crecimiento de los países emergentes está poniendo cada vez más presión sobre los recursos energéticos y alimentarios mundiales. Buena prueba de ello son los elevados precios de las materias primas en los últimos años, entre los que además destacan las crisis alimentarias de 2008 y 2011, que vinieron precedidas por súbitas subidas en los precios del petróleo (en 2008 el crudo se acercó a los 150 dólares por barril y más recientemente, con las revueltas en los países árabes, a superado los 120 dólares).
Más allá de los debates sobre cómo la especulación en los mercados de futuros o la política monetaria expansiva estadounidense inflan artificialmente estos precios, el principal factor estructural que explica su tendencia al alza es la creciente demanda procedente de los países emergentes (piénsese que el aumento de la renta per cápita se correlaciona casi a la perfección con el aumento del consumo de proteínas y electricidad). De hecho, la agencia internacional de la energía estima que hasta 2030 tan solo China y la India serán responsables de más del 40% del aumento de la demanda energética mundial, por lo que la actual tendencia no hará más que acelerarse.
En este contexto, será necesario aumentar la oferta de todo tipo de commodities para evitar que los precios continúen subiendo, lo que requiere ingentes inversiones que, por el momento, no se están produciendo al ritmo necesario. Pero más allá de que los países avanzados tengan que empezar a pensar en el fin del petróleo y los alimentos baratos, no es descartable que se produzcan conflictos geopolíticos por el acceso a los recursos.
Las recientes inversiones chinas en África en los sectores primarios demuestran que el gigante asiático no confía suficientemente en los mecanismos de mercado para abastecerse. Además, algunos países del Golfo Pérsico han empezado a hacer inversiones similares para asegurarse el acceso al agua. En definitiva, dado que no hay una institución de gobernanza energética global capaz de mediar en posibles conflictos o asegurar la inversión a largo plazo para permitir saciar la demanda, podemos enfrentarnos a crecientes tensiones entre las grandes potencias.
Proteccionismo financiero ante las inversiones de algunos países emergentes
Una de las tendencias macroeconómicas más fuertes de los últimos años ha sido la acumulación de ahorro en los países emergentes, tanto por sus superávit por cuenta corriente como por las rentas derivados de las exportaciones de petróleo. Así, tanto los fondos de riqueza soberana, que ya manejan más de 3 billones de dólares, como las empresas públicas de los países emergentes han adquirido compañías occidentales o incluso deuda pública de los países ricos en grandes cantidades. Dichas adquisiciones de deuda no se limitan a la financiación del déficit por cuenta corriente estadounidense por parte de China. Ante la crisis de deuda soberana de los países de la periferia de la zona euro, China se está convirtiendo también en uno de los principales banqueros de muchos países europeos en problemas, incluida España.
Estas inversiones representan un balón de oxígeno para hacer frente tanto a la crisis fiscal de los Estados como a las dificultades de muchas empresas. Sin embargo, también se perciben como una amenaza porque dejan en manos de países que en ocasiones no son aliados tanto algunos sectores considerados estratégicos como la financiación del sector público. Así, las adquisiciones de deuda pública europea por parte de China suponen que el gigante asiático tendrá un instrumento de presión política para lograr ciertos objetivos de la UE (por ejemplo en el área de derechos humanos), al tiempo que permiten fortalecer el euro y, por tanto, minar la hegemonía del dólar en el sistema monetario internacional y aumentar la competitividad-precio de las exportaciones chinas hacia la zona euro, algo que a China también le interesa.
En el campo de las adquisiciones empresariales, ya se han producido varios episodios en los que los países avanzados bloqueaban (o ponían importantes restricciones a) la entrada de capital extranjero en sus empresas. El caso más sonado fue el bloqueo por parte del Congreso de EEUU de la adquisición de la empresa estadounidense Unocal por parte de la empresa pública china CNOOC en 2005, pero ha habido muchos otros casos donde EEUU, Alemania, Japón, Francia, Italia o Australia, entre otros, han obstaculizado la entrada de capital de los países emergentes en sus empresas alegando razones de seguridad nacional. China y Rusia, donde la entrada de inversión extranjera está mucho más restringida, también han bloqueado adquisiciones de empresas europeas y estadounidenses dentro de su territorio, lo que demuestra que este nuevo nacionalismo financiero es de doble dirección.
En los próximos años es de esperar que los fondos de riqueza soberana aumenten su volumen de activos por los altos precios del petróleo, así como que muchas multinacionales de los países emergentes tengan cada vez más músculo financiero. Por lo tanto, los intentos de compra “sur-norte” continuarán, sobre todo teniendo en cuenta que los países avanzados necesitarán crecientes cantidades de ahorro externo para financiar las emisiones de deuda pública conforme mayores porciones de sus poblaciones alcancen la edad de jubilación. Esta situación puede dar lugar a cada vez más tensiones, derivando incluso en un cambio de la regulación en los países avanzados para lograr un mayor control de las inversiones extranjeras en su territorio, lo que podría poner en peligro las bases de la globalización financiera.
Si el establecimiento de códigos de conducta comunes a nivel global se generaliza y es aceptado por todas las partes, no debería haber mayores problemas, pero nada asegura que esto vaya a suceder. De hecho, por el momento, existen acuerdos no vinculantes sobre cómo deben comportarse los fondos soberanos suscritos por los países de la OCDE, así como recomendaciones por parte de la UE y el FMI. Todas ellas intentan que las inversiones sean transparentes y no estén guiadas por criterios geopolíticos sino económicos y de rentabilidad a largo plazo. Pero, a día de hoy, nada puede asegurar su cumplimiento, y las tensiones volverán a aparecer cuando países “incómodos” intenten realizar adquisiciones en sectores considerados estratégicos en los países avanzados.
Abandono de la Ronda de Doha y auge de un nuevo regionalismo comercial
La Ronda de Doha de liberalización comercial de la OMC lleva estancada desde 2008. La imposibilidad de llegar a un intercambio de concesiones aceptable para los países avanzados y emergentes en las áreas de agricultura, manufacturas y servicios, unida al hecho de que el comercio internacional continua fluyendo tras superar el bache de 2009 generado por la recesión, han hecho que cerrar la ronda no sea una prioridad política. A los exportadores agrícolas no les urge lograr una mayor apertura de mercados para sus exportaciones porque los precios de las materias primas están altos, las grandes empresas multinacionales parecen cómodas con el actual nivel de liberalización comercial y los políticos en los países avanzados (sobre todo EEUU) están centrados en sus problemas económicos internos, por lo que han dejado de ejercer el liderazgo que sería necesario para avanzar.
Pero más allá de estos factores coyunturales, lo que subyace a la crisis de Organización Mundial del Comercio (OMC) es el choque entre los países avanzados y los emergentes. Los primeros estaban acostumbrados hasta hace bien poco a dictar entre ellos las reglas del comercio mundial y ven con frustración que esto haya dejado de ser así. Los segundos, encabezados por Brasil, la India y China, consideran que el sistema comercial multilateral tal y como opera hoy no les permite extraer suficientes ganancias del comercio. Hasta la fecha, ha sido imposible superar este diálogo de sordos.
En este contexto, si no se logra un acuerdo de mínimos en la VIII cumbre interministerial de la OMC de diciembre de 2011 en Ginebra, las citas electorales en las principales potencias podrían posponer el avance de la ronda indefinidamente, o incluso llevar a abandonarla. Esto supondría un duro golpe para la credibilidad y legitimidad de la OMC, que, por el momento, es el foro que ha funcionado mejor para dar salida a los numerosos conflictos que se han producido entre los países avanzados y los emergentes en materia económica. Una OMC sin liderazgo podría acelerar todavía más los acuerdos comerciales bilaterales y regionales, llevando incluso a la fragmentación de la economía mundial en bloques rivales.
De hecho, las principales potencias comerciales llevan ya varios años promoviendo alternativas de integración regional a la OMC y cerrando acuerdos preferenciales (recientemente la UE y EEUU han firmado sendos acuerdos de libre comercio con Corea del Sur, así como con otras potencias emergentes; y China está haciendo lo propio en su área de influencia). Además, en la cumbre de la Organización para la Cooperación Económica en Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), el presidente Obama declaró que EEUU era una “potencia del Pacífico” y lideró la creación de un enorme área de libre comercio en la región que incluiría el 40% del comercio mundial. Al mismo tiempo, la UE ha iniciado negociaciones con la India, lo que demuestra que, aunque sigue defendiendo la utilidad de la OMC y la primacía del sistema multilateral, no quiere quedarse atrás en su acceso a los mercados asiáticos.
Si se consolida este nuevo regionalismo, la OMC podría dejar de ser una institución para la cooperación y pasar a ser una para el litigio (a través de su mecanismo de resolución de disputas), dejando de ser un foro multilateral para muchos de los temas que dominarán la agenda comercial del futuro, como la seguridad alimentaria, los temas medioambientales o el comercio de servicios de alto valor añadido.
Reforma del FMI
Por último, y aunque no se trata de un tema nuevo, la reforma de la gobernanza interna del FMI (su sistema de cuotas y votos) se convertirá probablemente en el asunto que mejor refleje la “batalla” a la que está dando lugar el cambio en el equilibrio de poder mundial derivado del auge de las potencias emergentes.
El papel del FMI en los próximos años será muy importante. Desde el estallido de la crisis financiera en 2008, y bajo el liderazgo de Dominique Strauss-Kahn, la institución ha vuelto a ocupar un lugar central en la economía mundial después de años de irrelevancia. Hoy, con Christine Lagarde al frente, es posible que incremente aún más recursos y diversifique sus instrumentos para dar respuesta a la inestabilidad que está generando la crisis de deuda de la zona euro.
El FMI también ha recibido el encargo de supervisar el “Marco para el crecimiento sostenible y equilibrado” aprobado por el G-20, así como coordinar la reforma financiera con el Consejo de Estabilidad Financiera. Finalmente, sus renovadas –y para muchos heterodoxas– recomendaciones sobre la utilización de políticas contracíclicas para paliar los efectos de la recesión y el uso de controles de capital en economías emergentes, le están permitiendo recuperar cierto liderazgo intelectual a los ojos de los países que le retiraron su apoyo durante los años 90.
A pesar de estos cambios, la batalla que permanece abierta es la de la reforma de la gobernanza interna de la organización. Esta reforma, que ya se inició en 2006, tiene como objetivo dar más votos y cuotas a los países emergentes en su Consejo de Dirección para reflejar su mayor peso en la economía mundial. La necesidad de avanzar en la misma para mejorar la representatividad del FMI puede ilustrarse con una simple comparación.
La suma de los PIB de Italia, los Países Bajos, Bélgica, Suecia y Suiza sumados como porcentaje del total mundial es menor que la suma de los PIB de China, la India, Brasil, Corea y México (8,1% contra 11,9% medido a tipos de cambio de mercado y 5,8% contra 20,1% si se mide en Paridad de Poder de Compra). Sin embargo, antes de la reforma de 2006 estos cinco países europeos tenían el 10,4% de los votos del FMI mientras que los cinco grandes emergentes sólo tenían el 8,2%. Y como el crecimiento de las economías emergentes era superior al de las europeas (y tras la Gran Recesión lo está siendo todavía más) esta brecha, que de por sí es difícil de justificar, no hace más que aumentar.
Cada vez que se produce una reforma de votos y cuotas hay ganadores y perdedores porque, al tratarse de un juego de suma cero, el aumento de los votos de un país significa la reducción del los votos de otro. Tras la tímida reforma de 2006-2008, el G-20 dio un paso importante en su cumbre de Seúl en noviembre de 2010. Acordó trasladar un 6% de las cuotas (y por tanto un porcentaje de votos similar) desde los países avanzados a los países en desarrollo.
Este ajuste llevará a China desde la sexta a la tercera posición, quedando sólo por detrás de EEUU y Japón en número de votos. Además, en una histórica decisión, los países europeos han acordado ceder definitivamente dos de sus ocho sillas en la Junta Directiva del FMI (sobre un total de 24) a los países emergentes. Los detalles de este acuerdo no se concretarán hasta 2012 y, en todo caso, tras esta fecha, los países emergentes seguirán demandando nuevos cambios, tanto de nuevas reformas de votos como de un cambio en las inclinaciones ideológicas que emanan de las recomendaciones de la institución.
En definitiva, el conflicto dentro del FMI está servido. Aún así, en los últimos años, se han producido cambios graduales que están siendo aceptados (con entusiasmo por algunos y resignación por otros) sin que las duras negociaciones minen la capacidad de acción de la institución.
Conclusión
Los países emergentes han sorteado la crisis mucho mejor que los desarrollados. Esta salida de la crisis a dos velocidades está acelerando el proceso de convergencia entre ricos y emergentes al tiempo que reconfigura los flujos comerciales y financieros a un ritmo sin precedentes en la historia económica reciente.
La reconfiguración del poder económico a nivel global aumentará las probabilidades de que se produzcan conflictos económicos transnacionales. En particular, estas rivalidades geopolíticas podrían traducirse en conflictos tanto dentro instituciones sólidas como el FMI y la OMC, como en los ámbitos energético, alimentario y de las inversiones directas, donde no existe un marco regulatorio firme que pueda servir como foro para negociar situaciones de conflicto.
Por ello, es necesario mejorar y legitimar las instituciones de gobernanza económica global, que son el único marco con el que cuenta la comunidad internacional para gestionar la crecientemente compleja interdependencia económica a la que nos enfrentamos.

* Investigador principal de Economía y Comercio Internacional del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Este artículo ha sido publicado en la revista del Real Instituto Elcano en noviembre de 2011 (realinstitutoelcano.org)

BILDERBERG GOBIERNO MUNDIAL


El Club Bilderberg reúne cada año a unos 130 líderes de la elite financiera, empresarial, política, académica y de los medios de comunicación del primer mundo, fundamentalmente de Estados Unidos y Europa, para discutir sobre temas de interés global. A estas reuniones, que se realizan con casi nula cobertura periodística, a puertas cerradas y con gran contingente de seguridad, se puede asistir solo mediante invitación.
Debido al extremo secretismo con que se efectúan estos encuentros, se especula que el grupo estaría operando como un gobierno mundial en las sombras, pues en esa instancia se decidiría el destino de la humanidad, se habla de quienes vienen a establecer el Nuevo Orden. Uno de su séquito es David Rockefeller, quien este verano visitó la isla del Lago Ranco de una de las familias más influyentes en el Chile de los últimos 100 años, Los Edwards, los “punta de la pirámide” del capitulo chileno de esta oligarquía. ¿Afecta este tipo de libertad de asociación casi secreta, la libertad y vida de los pueblos?
Amenazada de muerte por el poder oculto que hoy busca visibilidad, Cristina Martín Jiménez, periodista española egresada de la Universidad de Salamanca y autora del libro Club Bilderberg, Los amos del mundo, sitúa los orígenes históricos de este grupo en plena guerra fría. Su objetivo, según sus creadores, era aumentar el entendimiento entre países del Atlántico.
La primera reunión se realizó desde el 29 al 31 de mayo de 1954, en la localidad holandesa de Oosterbeck, en el hotel Bilderberg, a partir del cual el grupo recibió su nombre. El anfitrión fue el príncipe Bernardo de Holanda, padre de la actual Reina Beatriz, propietario del hotel, estrechamente relacionado con las altas esferas del poder financiero y político occidental, quien en su juventud fue miembro activo del partido nazi.
Sin embargo, la periodista asegura que el principal impulsor del Club fue el multimillonario norteamericano David Rockefeller, masón. El magnate, junto a la banca de Estados Unidos, envió como emisario al financiero de origen judío-polaco Joseph Rettinger, alto miembro de la masonería,  para que se pusiera en contacto con el príncipe Bernardo. Debido a la gran envergadura del proyecto, ellos se contactaron con la familia inglesa Rotschild, considerando su gran poder económico, dinastía que en 1952 ya se había apoderado de la banca de su país. Otra figura importante de esa primera cita fue Henry Kissinger, asesor en asuntos especiales del ex presidente Richard Nixon y en temas de defensa en varios gobiernos estadounidenses.
En la actualidad, el presidente honorario del Club Bilderberg es Ettiene Davignon, político y empresario belga y ex vicepresidente de la Comunidad Europea. Otros miembros permanentes, según lo reveló el investigador de origen ruso, Daniel Estulin, autor de La verdadera historia del Club Bilderberg, son Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006; Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de Estados Unidos; Georges Soros, presidente del Soros Fund Management LLC y del Open Society Institut y Henry Kissinger presidente de Kissinger Associates Inc., de quien además se especula habría asesorado en las sombras a George W. Bush en la guerra de Irak.
Sobre el extremo secretismo con que se realizan las reuniones de este club elitista, Daniel Estulin, quien los investiga desde hace 15 años, expresa que “si bien es normal que en cualquier democracia moderna se proteja el derecho a la intimidad, la ciudadanía tiene derecho a saber de qué hablan los más importantes presidentes, primeros ministros, reyes y reinas de todas las casas europeas, cuando se reúnen con los empresarios y banqueros más ricos de sus respectivos países”.
Pero este cuestionamiento no es nuevo, en 1963, en una reunión del ex presidente John Kennedy con los representantes de los medios estadounidenses, lanzó una fuerte crítica a las sociedades secretas, señalando que “la palabra secreto es repugnante en una sociedad abierta y libre y nosotros como pueblo, histórica e inherentemente, nos hemos opuesto a las sociedades secretas, a juramentos y procedimientos secretos”, dejando constancia de la existencia de grupos que operaban tras la cortina en esa época. Debemos considerar también, que varias de las personalidades que asisten a esas reuniones están pasando por alto legislaciones de sus propios países, como la Ley Logan de 1978 de Estados Unidos, que “no permite que un ciudadano norteamericano actúe como diplomático no oficial sin la autorización del Gobierno o el Congreso”, y menos que se reúna en secreto con grandes empresarios, jefes de gobierno o presidentes de los principales bancos del mundo.
En nuestro país el senador Nelson Ávila reconoce que “el llamado Club Bilderberg es el más influyente poder fáctico del planeta. Las reuniones son secretas porque sus verdaderos fines son inconfesables. Se huelen y pesan entre sí para sintonizarse en su delirante vocación de dominio mundial. Están por encima de gobiernos y organismos internacionales, pero no son ajenos a ellos. Les manipulan y tuercen sus decisiones en función de sus intereses. Las guerras son parte del negocio. 
¿SOBRE QUÉ HABLAN LOS PODEROSOS?
Estulin cuestiona la “falta de garantías hacia los ciudadanos de que el Club Bilderberg no sea un centro de tráfico de influencias y de cabildeo (lobby), si no se les permite conocer de qué hablan allí sus representantes. De esta manera, es legítimo preguntarse por qué el Foro de Davos y las reuniones del G8 aparecen en todos los periódicos en portada y permiten asistir a miles y miles de periodistas, mientras que nadie cubre las reuniones de este selecto club”. Ante esta crítica, los directivos de esta organización elitista han afirmado que “esa discreción es necesaria para que los participantes en los debates puedan hablar con libertad, sin ver al día siguiente sus declaraciones reflejadas en los periódicos”. Sin duda, esa discreción les permite deliberar con más libertad, aclara Estulin, pero eso no responde a la pregunta fundamental: ¿Sobre qué hablan los más poderosos del mundo en esas reuniones? Asegura que en esas juntas se toman decisiones que no solo impactan en la comunidad empresarial, sino que en la política, economía, medio ambiente y hasta en nuestra vida cotidiana.
El escritor denuncia que este grupo estaría trabajando en un Nuevo Orden Mundial con una “metodología sistémica”, es decir, influir en la cabeza de las instituciones de los principales sectores de la sociedad y, desde ahí, controlar a la masa. Esto se explica mejor teniendo en cuenta que no es necesario saber qué hace o piensa cada individuo dentro una organización, sino que basta con tener el control del presidente o del individuo más influyente dentro de la misma.
Para el investigador residente en Canadá, el Club Bilderberg “sería responsable del actual control de la población a través de la manipulación mediática y el miedo”. Observamos que producto de la gran concentración de medios de comunicación, es más fácil uniformar y manejar los mensajes, pero también establecer pautas editoriales que privilegien la farándula, la crónica roja o los hechos de sangre para atemorizar al público. Por otra parte, es una realidad que la concentración de medios permite administrar eficazmente los contenidos, estableciendo discursos y versiones oficiales, influyendo en los patrones de conducta de los receptores y determinando qué es lo relevante. Así, se han asegurado de implantar una sociedad del espectáculo, sin informar al público de lo que realmente sucede en el mundo.
Según Estulin, esta organización de elite también sería responsable de promover conflictos bélicos, orquestando episodios de alto impacto para sensibilizar al público y avanzar en sus objetivos. De esta manera generarían las condiciones para la invasión a países con riquezas energéticas, fundamentalmente petróleo, pero, además, crearían los escenarios para aprobar leyes en los parlamentos, conforme a reducir, o bien suprimir, los derechos civiles. Un ejemplo fue la firma del Acta Patriótica realizada por el presidente George W. Bush, sin la aprobación del Congreso ni de los ciudadanos estadounidenses, luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuya versión oficial ha sido ampliamente cuestionada por investigaciones independientes en ese mismo país.
Justamente, el periodista y cineasta norteamericano Alex Jones, critica el papel de los gobiernos occidentales, en los cuales participan o han participado integrantes del Club Bildeberg, acusándolos de estar involucrados en organizar operaciones de Falsa Bandera (False Flag) Esta estrategia consiste en realizar atentados, encubrir a los involucrados, e inculpar a un enemigo político; de esta forma justificar guerras, influir elecciones, o bien llevar adelante proyectos de ley para recortar los derechos ciudadanos. Este sería el caso del atentado del 9/11, luego del cual se dio inicio oficial a  la “Guerra al Terrorismo”; y el del metro en Londres, que influyó ostensiblemente en la popularidad de Tony Blair, quien integra este selecto grupo.
FIN A LAS SOBERANÍAS NACIONALES
La periodista Cristina Martín afirma que Bilderberg pretende establecer un gobierno mundial, con una moneda, ejército y religión únicos. Asegura que la institución que les servirá para administrar este gobierno planetario es la Organización de Naciones Unidas (ONU), que coincidentemente fue edificada en Nueva York, en terrenos “donados” por el fundador del club: David Rockefeller. Esta institución internacional, según la periodista, perdió legitimidad desde sus inicios por la facultad de vetar a determinadas naciones, “pues más que una unión de naciones, parece una unión de intereses”. La española asegura que sus organismos se convertirán en ministerios, por ejemplo la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en el Ministerio Mundial de la Agricultura; Unido (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial) en el Ministerio Mundial de la Industria y Unesco (Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe) en el Ministerio Mundial de la Cultura y la Educación.
La investigadora cree que desde la ONU se promovió una religión mundial, a través de la Carta de la Tierra, documento que pregona el inicio de una nueva espiritualidad universal, que entró en vigor a partir del 2000 y fue redactada por el ex presidente soviético, Mijail Gorbachov.
Enfatiza que este organismo de la elite planetaria pretende terminar con las soberanías nacionales mediante el establecimiento de un gobierno mundial uniforme, lo que de concretarse suprimirá la identidad de los países. Señala que esto partió con la liberación de las barreras comerciales y ha seguido con los ámbitos más profundos que afectan al sistema social como la educación, salud y los medios de comunicación. Concluye que desde este punto de vista “podemos reconocer que el Club Bilderberg es el Sistema”, pues es capaz de influir y controlar desde lo aspectos más complejos hasta nuestra vida cotidiana, manipulando, indicándonos cómo vivir, y por supuesto, impidiéndonos avanzar en determinar el destino de nuestras comunidades.
La investigación realizada por la periodista española indica que los objetivos puntuales de este grupo elitista, en función de establecer un gobierno global, son “el aniquilamiento progresivo de las soberanías nacionales y su transferencia a instituciones de carácter oligárquico y transnacional. Para, de este modo, alcanzar una soberanía supra-nacional de la elite intelectual y los bancos mundiales, por sobre la autodeterminación tradicional de las naciones”.
EL CÍRCULO DE PODER
Según el investigador Estulin, han asistido a las reuniones de Bilderberg los presidentes de entidades financieras como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo; presidentes de las empresas más poderosas del mundo, como Daimler Chrysler, Coca Cola, Pepsi Co., Ford, General Motors, Novartis, Astra Zeneca, British Petroleum, Shell, Chase Manhattan Bank, UBS Warburg, Soros Fund Management, Kissinger and Associates, Nokia, Motorola, Ericsson, American Express, France Telecom, German Telecom, British Telecom, Goldman Sachs, Lazard Freres, Deutsche Bank, JP Morgan, Xerox, Microsoft, Oracle y EADS.
También han participado secretarios de defensa y vicepresidentes de Estados Unidos, representantes de comités nacionales democráticos y republicanos, directores de la CIA y del FBI, secretarios generales de la Otan, todos los comisarios europeos, senadores y congresistas estadounidenses, primeros ministros europeos y líderes de los partidos de la oposición, gobernadores de los bancos centrales de todos los países europeos, los principales editores y los directores de los más importantes periódicos del mundo.
El periodista norteamericano Jim Tucker, editor del American Free Press y quien desde hace más de 30 años sigue los pasos de este grupo, señala que en 2008 asistieron a la reunión anual personalidades de EE UU tremendamente influyentes como Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal; Donald Graham, presidente y consejero delegado del Washington PostJames Johnson, vicepresidente del Banco Perseus, quien formó parte de la comisión encargada de buscar al vicepresidente que acompañó la carrera presidencial de Barak Obama; Richard Perle, ex presidente del Consejo de Política de Defensa (2001-2003) y uno de los principales ejecutivos del American Enterprise Institute for Public Policy Research, un centro de pensamiento de derecha; Condoleezza Rice, ex secretaria de Estado; Mark Sanford, gobernador del sur de California y Paul Wolfowitz, ex subsecretario del Ministerio de Defensa y ex presidente del Banco Mundial.
Según Tucker, entre los  españoles invitados el año pasado aparecen Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa; Bernardino León Gross, secretario general de la presidencia de España; Matías Rodríguez Inciarte, vicepresidente del Banco Santander; Joaquín Almunia, comisario de economía de la Unión Europea y la Reina Sofía de España, quien estaría asistiendo de manera permanente hace varios encuentros. La misma fuente reveló que en versiones anteriores participaron Rodrigo Rato (1992,1994), ex director gerente del Fondo Monetario Internacional; Pedro Solbes (1999), vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda; Jaime Carvajal de Urquijo (1982-1998), presidente de la Ford España, Dresdner Kleinwort Capital España, Ericsson España y ABB S.A. y Javier Solana (1985, 1998 y 2000), alto representante para la política exterior y de seguridad común de la Unión Europea y comandante en jefe de la Eufor, fuerza militar bajo las órdenes del Consejo de la Unión Europea.
Además, el Club Bilderberg está ligado a dos organizaciones de carácter internacional. La Trilateral Commission (Comision Trilateral), que fue fundada por iniciativa de David Rockefeller, y que aglutina a personalidades destacadas de la economía y los negocios de las tres zonas principales de la economía capitalista: Norteamérica, Europa y Asía-Pacífico. Precisamente la inclusión de miembros de Japón es la principal diferencia con Bilderberg.

BIOGRAFIA


Hombre de pensamiento universal, científico, filósofo, escritor, educador y humanista. Nació en San José de la Montaña, municipio al norte del Departamento de Antioquia. Hizo sus estudios de Química Farmacéutica y obtuvo el Magíster en Salud Pública en la Universidad de Antioquia. Como pensador defiende, en forma fehaciente, las verdades fundamentales que tocan a cada ser humano. Como científico impulsó la investigación en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid.

Ha sido destacado profesor en la Universidad de Antioquia, el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid y en la Institución Universitaria de Envigado, en las cátedras de Ética profesional, Salud Pública, Emprendimiento Empresarial, Deontología Farmacéutica, Administración Científica, Principios y Valores.

En su producción como escritor se cuentan varias obras: Deontología Farmacéutica, Filosofía de la costumbre, Una ética para el hombre, un hombre para la ética, Administración para un mundo globalizado, Emprendimiento Empresarial: un reto del futuro, Combate del Agelasta, Un líder en pensamiento: José Félix de Restrepo.

Como miembro activo de la Sociedad de Mejoras Públicas de Envigado y Presidente de la Federación Antioqueña de Sociedades de Mejoras Públicas realizó importante trabajo sobre la filosofía de aquellas en el marco del siglo XXI. Trabajador incansable, en altos cargos del Estado. Su vocación de servicio se tradujo en el desarrollo de políticas sociales más humanas para las comunidades de su entorno.

Hombre proactivo, líder y pionero en los asuntos de su vida profesional. Austero y capaz. Se desempeño con honestidad y laboriosidad, en el ámbito nacional, en las lides gremiales de su profesión química farmacéutica.

Asesor del Ministerio de Salud de Colombia en asuntos de la Ley sanitaria. Conocedor de  la problemática del medio ambiente, desarrolló en sus alumnos una conciencia de conservación del planeta tierra y de la responsabilidad en la construcción de un mundo más amable y sostenible para las generaciones que nos relevan.