El general Antonio Indjai, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Guinea
Bisau, protagonizó dos violentos golpes de Estado en los últimos dos años, pero
nunca estuvo en la mira de las autoridades internacionales hasta que lo ligaron
con las Farc.
Quien encabeza la
persecución en su contra es el fiscal del Distrito Sur de Nueva York, Preet
Bharara, quien el pasado
18 de abril le formuló cuatro cargos por narcotráfico, terrorismo y tráfico de
armas. "Antonio Indjai y muchos oficiales corruptos se vendieron a sí mismos y
le pusieron precio a su país", declaró el acusador.
El trasfondo de
este escándalo es la creciente relación de la delincuencia organizada de
Colombia con sus pares de África y el Medio Oriente, que a través de
embarcaciones, avionetas, correos humanos y empresas fachada mueven droga,
armas y dinero blanqueado por el océano Atlántico.
El docente Juan
David Escobar, director del
Centro de Pensamiento Estratégico de Eafit, argumenta que "la ruta
africana es una alternativa ante la presión de las fuerzas de seguridad en el
Caribe, y un desplazamiento natural hacia el mercado europeo, que es
grande".
Negocios en Guinea Bisau
En mayo de 2012 la DEA infiltró dos fuentes en
una red criminal que ligaba a las Farc con supuestos militares y exoficiales
deshonestos de Guinea Bisau, un país de la costa occidental africana
caracterizado por gobiernos inestables, cuya población es la mitad de Medellín
(1’600.000 personas).
En los seis meses
siguientes, los infiltrados sostuvieron reuniones con los miembros de dicha
red, simulando ser representantes de la guerrilla.
La idea era usar la
nación africana como un punto de acopio para la cocaína colombiana, y
distribuirla desde allí a Europa y Norteamérica. Los militares involucrados se
quedarían con el 13% de la mercancía que pasara por su territorio.
El 02/6/12, el
general Indjai estuvo presente en una de las juntas con un infiltrado y aprobó
que la droga arribara a su país camuflada en un embarque de prendas militares.
El pacto también
contemplaba la compra de arsenal para los insurgentes, en especial fusiles
AK-47, lanza granadas y misiles tierra-aire para derribar los helicópteros de
interdicción de E.U. en Colombia. La pretensión era que las Fuerzas Armadas
ordenaran una adquisición de armas, de las cuales la mitad serían para los
subversivos.
"Ustedes
pueden hacer eso a través de mí... es a través del gobierno y yo soy solo un
intermediario", dijo Indjai, y agregó: "pasado mañana hablaré con el
Presidente de la República".
Después, según la acusación S612Cr.839 (indictment ), pidió 20.000 euros como prueba de la
"seriedad" de los infiltrados.
Entre el 2 y 4 de
abril de 2013 fueron capturados siete sospechosos en Bogotá (2) y África (5),
con fines de extradición; entre ellos estaban los supuestos narcos colombianos Rafael
Garavito ("el
Viejo") y Gustavo Pérez ("Gato"), "los enlaces para negociar la
droga que produce las Farc y enviarla al exterior", según el reporte de la Dirección
Antinarcóticos.
También
cayeron tres exoficiales de la
Armada de Guinea Bisau, incluyendo a su excomandante Jose
Bubo Na Tchuto.
Un antecedente de
similar magnitud fue la "Operación Implacable", ejecutada el 17/10/11
por agentes de E.U. y Liberia. El objetivo era el presunto narco colombiano Marcel
Acevedo Sarmiento (ya
extraditado), señalado de liderar una organización que exportaba cocaína desde
Colombia y Venezuela hacia el continente negro.
Según el
Departamento de Estado de E.U., Acevedo llevaba 20 años en el negocio y sus
cargamentos eran protegidos por las Farc; fue capturado con ocho supuestos
secuaces.
Los "amigos" de Al Qaeda
Análisis de la DEA concluyen que, cuando la
droga llega por mar y aire a Guinea Bisau, Ghana y Nigeria, es almacenada en
búnkeres subterráneos y guaridas urbanas.
Luego inicia un periplo
por tierra en camiones con caletas, vía Mali, hacia el norte del continente. De
allí pasa a Europa usando las costas de Marruecos, Algeria y Libia.
Este tránsito quedó
al descubierto el 16/12/09, con el arresto en Ghana de tres miembros del clan
islamista Al Qaeda. Su función era transportar la cocaína de las Farc después
de su desembarco en la costa occidental, hacia el mar Mediterráneo y España. Un
grupo de milicias rebeldes custodiaban la carga.
Uno de los
capturados, Idriss Abelrahman, habló con un agente encubierto sobre los objetivos comunes
de Al Qaeda y las Farc, incluyendo "la causa anti americana", tal
cual reza en un informe del Departamento de Estado. Fue la primera vez que E.U.
formuló cargos por narcotráfico contra ese grupo extremista.
Uno de los
aprehendidos fue condenado a cuatro años de cárcel. Fuentes oficiales creen que
el nexo entre ambas facciones aún perdura.
Buscando más dinero
Los estudios de la DEA y el Departamento de
Defensa revelan que en la última década se duplicó el consumo de cocaína en
Europa. Aunque llevar la mercancía hasta allá puede ser más costoso para las
bandas colombianas, se arriesgan por la promesa de más ingresos.
Mientras que en
E.U. un kilo del estupefaciente puede costar el equivalente máximo de $73’350.000,
en el Viejo Continente alcanza los $183’370.000; y en el Medio Oriente, otro
destino apetecido, la cifra sube a $256’718.000.
La Península Ibérica y los
Países Bajos, especialmente los puertos de Barcelona, Rotterdam y Amberes, son
predilectos para la llegada de cargamentos que antes atravesaron las exóticas
tierras africanas, cuyo tránsito es favorecido por conflictos internos y
fragilidad institucional.
"África
representa un reto por la cantidad de contenedores que pasan por los puertos,
la falta de inspectores entrenados e inteligencia investigativa, gobiernos
débiles y la generalizada corrupción", decía un reporte presentado por la DEA en 2006 al Congreso.
Poco ha cambiado
desde entonces, salvo el hecho de que no solo los suramericanos se aprovechan
de los escasos controles en África, también los maleantes del suroeste asiático
lo usan como plataforma para distribuir la heroína, y los narcos mexicanos para
el acopio de precursores químicos para las metanfetaminas.
Escobar complementa
que "en la costa occidental hay 17 países, todos con esquemas de seguridad
débiles, lo que facilita el trabajo de los criminales".
El clan libanés
"Los grupos
radicales islamistas y los narcoterroristas colombianos practican los mismos
métodos de negocios", declaró en 2003, cual si fuera una premonición, el
almirante James E. Hill, el entonces jefe
del Comando Sur de E.U. Le preocupaba que en Suramérica y el Caribe había
células activas de cofradías como Hamas (Palestina), Hezbollah (Líbano) y El
Grupo Islámico (Al Gama’a al Islamiyya, de Egipto).
Y en su último
periplo por el Cono Sur (abril de 2012), el entonces secretario de Defensa,Leon
Panetta, expresó su
molestia porque la
Guardia Revolucionaria Islámica (de Irán) trataba de
acrecentar su influencia en la región. "En mi libro, eso equivale a
expandir el terrorismo".
En la actualidad,
la cacería de los estadounidenses está centrada en el presunto capo
colombolibanés Ayman Saied Joumaa, señalado de ser un enlace de Hezbollah en América.
El Departamento del
Tesoro le congeló varias cuentas y bienes con la Lista Clinton y lo
señala de dirigir una enorme red de narcotráfico y lavado de activos entre
nuestro continente y el Medio Oriente, pasando por África, a través de
importadoras fachada, bancos, casas de cambio y compraventas de vehículos.
El Tesoro lo
relaciona con un clan conformado por 24 colombianos y libaneses, así como
empresas en Barranquilla, Maicao, Cali, Medellín, Valencia (Venezuela), Colón y
Ciudad de Panamá (Panamá), Beirut (Líbano), Cotonou (Benin), el Congo y Hong
Kong. Su principal contacto en Colombia sería Ali Mohamad Saleh, quien tiene negocios comerciales en Maicao y
también está reseñado en los estrados judiciales.
El dinero recaudado
financia las actividades de la organización político militar Hezbollah
(considerada terrorista en unos países, revolucionaria en otros), pero la
célula también haría trabajos para narcos como "los Zetas", "la Oficina" y grupos
venezolanos. Se presume que cada mes blanquean cerca de 200 millones de
dólares, actividad en la cual serían especialistas.
La relación del
clan libanés con "la
Oficina" se destapó desde 2009, cuando el Tesoro aplicó
sanciones a una estructura de 19 personas lideradas por Francisco Flórez
Upegui, alias "don
Pacho" (ya extraditado), presunto socio de dicha estructura mafiosa de
Medellín.
Según la DEA, comenzó sus actividades
ilegales en los años 80, con el cartel de Pablo Escobar. Cuando este fue desmantelado, "don
Pacho" siguió exportando droga a E.U., Europa, África y Medio Oriente. Su
imperio se derrumbó hace cuatro años con la "Operación Titán", donde
también cayó Chekri Mahmoud Harb, alias "el Talibán", un militante de Hezbollah que
decía trabajar para "la
Oficina".
Los radicales
también han tenido trueques con las Farc, como recuerda Escobar. "Durante
los diálogos de paz en El Caguán (1998-2002), los guerrilleros compraron armas
en Jordania, a gente de Hezbollah".
Hoy dos de los
principales supuestos socios del crimen colombiano en África y el Medio Oriente
están libres, aunque con cargos penales: el escurridizo capo Ayman Joumaa y el generalAntonio Indjai.
El vocero oficial
de Guinea Bisau, Fernando Vaz, solicitó a E.U. cooperación judicial para analizar los
casos del alto oficial acusado y del exalmirante capturado Jose Bubo Na
Tchuto, con la idea de
juzgarlos allá, "si hay lugar a ello", pues considera que los
estadounidenses vulneran la soberanía de su país con esas acciones.
Mientras tanto, el
general Indjai parecía tranquilo cuando el diario The New York Times le preguntó sobre los señalamientos:
"La gente dice que soy un narcotraficante, el que tenga las pruebas, ¡que
las presente…".
NELSON MATTA COLORADO
http://www.elcolombiano.com/bancoconocimiento/c/crimen_colombiano_explota_las_rutas_de_africa_y_medio_oriente/crimen_colombiano_explota_las_rutas_de_africa_y_medio_oriente.asp